Cristina Prieto Díaz
Poeta recién llegado
SEGANDO LA FLOR
La cascada de rocío, que alberga tu boca al anochecer
es la vida incrustada en pétalos de esa comisura,
tan perfecta, suave, del beso que nace, aflora;
me sumerge en tu cálido ser, calmando mi sed.
Fondeando en tu iris azul, enmarcada pupila
claros y sombras arrastran mi locura a amarte
que me llevas, me atraes, mi alma amanece
y las gotitas de rocío en los pétalos caminan
En espigas de trigo, mi pelo enredado, ocre,
el estío queda lejano en una segada tierra
deja paso el barbecho a la vid y la siembra
con trillos, clavos, ruedas de carro y yunque
Que me traes el aroma en tu piel de manantial
Que te espero anocheciendo, al ocaso solariego
que faenando mojé mis madreñas con rocío
elevando nuestro beso en un último rayo solar.
Cristina Prieto Díaz.
La cascada de rocío, que alberga tu boca al anochecer
es la vida incrustada en pétalos de esa comisura,
tan perfecta, suave, del beso que nace, aflora;
me sumerge en tu cálido ser, calmando mi sed.
Fondeando en tu iris azul, enmarcada pupila
claros y sombras arrastran mi locura a amarteque me llevas, me atraes, mi alma amanece
y las gotitas de rocío en los pétalos caminan
En espigas de trigo, mi pelo enredado, ocre,
el estío queda lejano en una segada tierra
deja paso el barbecho a la vid y la siembra
con trillos, clavos, ruedas de carro y yunque
Que me traes el aroma en tu piel de manantial
Que te espero anocheciendo, al ocaso solariego
que faenando mojé mis madreñas con rocío
elevando nuestro beso en un último rayo solar.
Cristina Prieto Díaz.