!Cuánto quisiera yo
detener el reloj de mi vida!
O más bien, hacer retroceder
sus implacables manecillas.
Dulce travesía hasta el encanto
de la viril lozanía,
calzada de ensueños
adornada de ansias y amor,
donde cada frase es poesía.
Si pudiera volver
añoraría que existieras;
que descansara en tus labios, como hoy,
esa gélida prudencia
que libera destellos
de palabras cálidas
solo en su estación, en su luna
y me hace desearte...
y que fuera tu sonrisa
tan inocente y sincera
como la paz de mi cordura.
Qué bien si te cubriera, como hoy,
ese cuerpo de tallos frescos,
de hojas verdes y menudas
que el viento de la vida
dobla sin vencer.
De seguro no tendrías
esa pasión escondida
en la piel de tu corazón
que gime día a día
por la angustia de saber
que tus 20 primaveras
son la distancia insalvable
que te separa inevitablemente
de mi 40 atardecer
Tal vez no existiera
este silencio absurdo
que nos abraza y que es
la única arma que nos protege
de este amor nocivo e imposible
que se oculta en el pecho
y se escapa a veces
en el sudor de las manos
o en las miradas que se cruzan
tímidas, desesperadas.
Quién sabe si te encuentre
en algún punto del tiempo,
yo en otro cuerpo,
tú en otra mujer;
en un lugar de otro mundo
o de otra vida, no sé,
donde no exista el reloj,
donde no importen las horas,
ni la distancia,
ni partir o volver;
para amarte sin límites,
sin reproches, sin por qués...
!Tú y yo en el universo
infinito del placer!
detener el reloj de mi vida!
O más bien, hacer retroceder
sus implacables manecillas.
Dulce travesía hasta el encanto
de la viril lozanía,
calzada de ensueños
adornada de ansias y amor,
donde cada frase es poesía.
Si pudiera volver
añoraría que existieras;
que descansara en tus labios, como hoy,
esa gélida prudencia
que libera destellos
de palabras cálidas
solo en su estación, en su luna
y me hace desearte...
y que fuera tu sonrisa
tan inocente y sincera
como la paz de mi cordura.
Qué bien si te cubriera, como hoy,
ese cuerpo de tallos frescos,
de hojas verdes y menudas
que el viento de la vida
dobla sin vencer.
De seguro no tendrías
esa pasión escondida
en la piel de tu corazón
que gime día a día
por la angustia de saber
que tus 20 primaveras
son la distancia insalvable
que te separa inevitablemente
de mi 40 atardecer
Tal vez no existiera
este silencio absurdo
que nos abraza y que es
la única arma que nos protege
de este amor nocivo e imposible
que se oculta en el pecho
y se escapa a veces
en el sudor de las manos
o en las miradas que se cruzan
tímidas, desesperadas.
Quién sabe si te encuentre
en algún punto del tiempo,
yo en otro cuerpo,
tú en otra mujer;
en un lugar de otro mundo
o de otra vida, no sé,
donde no exista el reloj,
donde no importen las horas,
ni la distancia,
ni partir o volver;
para amarte sin límites,
sin reproches, sin por qués...
!Tú y yo en el universo
infinito del placer!
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