Blanco pétalo de margarita
que una vez tuve entre mis manos,
intentando adivinar
al arrancar uno tras otro,
lo que el futuro traería,
cuál era la opción acertada
a mis pensamientos de niña.
No debí preguntártelo,
destrozando tu belleza.
Tú no lo sabías,
ahora lo veo.
Todo en la vida
a la incertidumbre te lleva
pues no hay nada duradero,
nada que no te lleve,
en algún momento,
al erróneo sendero.
Pero recuerdo el aroma,
el aliento simple y puro
que transmitías;
la alegría que sentía
al recoger un pequeño ramillete
entre la hierba humedecida,
arrodillada,
sintiendo la tierra
que mis zapatillas manchaba.
Si hoy pudieras contestar,
margarita,
a lo que no entiendo
y no puedo explicar,
necesitarías tener
tantas hojas
como estrellas
en el firmamento hay.
Por eso prefiero,
en vez de mi curiosidad apaciguar,
contemplarte erguida,
desafiante al aire y la humedad,
recordando instantes ya pasados
que sólo en mi sueños
revivirán.
que una vez tuve entre mis manos,
intentando adivinar
al arrancar uno tras otro,
lo que el futuro traería,
cuál era la opción acertada
a mis pensamientos de niña.
No debí preguntártelo,
destrozando tu belleza.
Tú no lo sabías,
ahora lo veo.
Todo en la vida
a la incertidumbre te lleva
pues no hay nada duradero,
nada que no te lleve,
en algún momento,
al erróneo sendero.
Pero recuerdo el aroma,
el aliento simple y puro
que transmitías;
la alegría que sentía
al recoger un pequeño ramillete
entre la hierba humedecida,
arrodillada,
sintiendo la tierra
que mis zapatillas manchaba.
Si hoy pudieras contestar,
margarita,
a lo que no entiendo
y no puedo explicar,
necesitarías tener
tantas hojas
como estrellas
en el firmamento hay.
Por eso prefiero,
en vez de mi curiosidad apaciguar,
contemplarte erguida,
desafiante al aire y la humedad,
recordando instantes ya pasados
que sólo en mi sueños
revivirán.