El Árbol de la Vida

Ángel San Isidro

Poeta que considera el portal su segunda casa

El Árbol de la Vida

Solo tengo
un amor de verdad
en este maravilloso árbol de la vida,
ese amor que suavemente camina
en esta esplendorosa explanada del amor...
y de la vida;

Ese joven amor y quizás un poco viejo,
es el que me regala con ilusión la mujer
mas hermosa y atractiva de cuantas llegué
a conocer y a reconocer,
que vive un lugar donde se encuentra cautiva
la mejor persona que a lo largo de mi vida llegué...
a querer;

Ella habita en una pequeña aldea
de mi soñador planeta onírico,
donde los sueños de un pobre pellejo
sueñan con esa dulce y cariñosa mujer,
pero casi siempre esa mujer me deja...
sin quererlo hacer,
completamente solo
sin mover un ápice
de su atolondrado y sabroso cuerpo,
mientras todas las demás mujeres
se revuelven con el éxtasis
del amor,
sin querer nunca aparcarlo ni olvidarlo
porque al final de sus vidas saben que siempre,
a ese bienaventurado amor no lo perdonarán...
porque siempre lo olvidan.

Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados

 
-Agua que no has de beber, déjala correr-
confórmate con mirar los toros de lejos,
no sea que te hagan daño.


El Árbol de la Vida

Solo tengo
un amor de verdad
en este maravilloso árbol de la vida,
ese amor que suavemente camina
en esta esplendorosa explanada del amor...
y de la vida;

Ese joven amor y quizás un poco viejo,
es el que me regala con ilusión la mujer
mas hermosa y atractiva de cuantas llegué
a conocer y a reconocer,
que vive un lugar donde se encuentra cautiva
la mejor persona que a lo largo de mi vida llegué...
a querer;

Ella habita en una pequeña aldea
de mi soñador planeta onírico,
donde los sueños de un pobre pellejo
sueñan con esa dulce y cariñosa mujer,
pero casi siempre esa mujer me deja...
sin quererlo hacer,
completamente solo
sin mover un ápice
de su atolondrado y sabroso cuerpo,
mientras todas las demás mujeres
se revuelven con el éxtasis
del amor,
sin querer nunca aparcarlo ni olvidarlo
porque al final de sus vidas saben que siempre,
a ese bienaventurado amor no lo perdonarán...
porque siempre lo olvidan.

Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados

 

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