catapiano_18
Poeta recién llegado
Nunca has llegado a dormir sobre mi pecho, ni has visto la luna reflejada en mis ojos.
Nunca hemos ido caminando por la vereda, mientras nos seguían los cantares de las monjas festejando que no era correcto amarse.
Tampoco me he ido a parar frente a tu puerta, sin la cantata de mariachis detrás mío, apoyándome para irme al bosque sin mapa, irme a naufragar por el mar sin saber dónde habría tierra.
Así me siento cuando estoy a punto de tirarme al abordaje, frente a tu puerta.
Así me siento cuando quiero arrancarme los dientes para que no hagan cerrar mi boca antes de murmullar esas ocho letras que me cambiarían el rumbo y seguidito esto, los sentidos.
Quererte se me hace como una montaña rusa, tan corta, pero eterna como las religiones.
Así de fácil es quererte, así de difícil es llegar a decirlo.
Y en sueños, cuando nadie más puede averiguar mi intrépido pensar, mi cobardía valiente, es cuando no me importa que al tirarme al abordaje fracture mis costados y se me coagulen los temores.
En ese momento, no me importa nada más que la nada misma.
Pero la vida es un sueño sólo cuando no tengo la vista cansada. La vida sólo es un sueño cuando estimo que me es más fácil la extraña sensación de no hacer cosas.
La vida es un sueño cuando me vuelvo cobarde.
Porque detrás de la cortina, en vivo, en directo, donde no hay nada detrás de las bambalinas,
estoy en modo: cámara, acción.
Y no quiero esperar a que llegue el "corte" para que mi lengua se avive un poquito.
Así que dentro de un par de días, quizás horas o años ( si se me achuncha el caminar) te diré las ocho sílabas más fáciles de leer, murmullar y sentir, pero las más difíciles de decir.
Te quiero.
Nunca hemos ido caminando por la vereda, mientras nos seguían los cantares de las monjas festejando que no era correcto amarse.
Tampoco me he ido a parar frente a tu puerta, sin la cantata de mariachis detrás mío, apoyándome para irme al bosque sin mapa, irme a naufragar por el mar sin saber dónde habría tierra.
Así me siento cuando estoy a punto de tirarme al abordaje, frente a tu puerta.
Así me siento cuando quiero arrancarme los dientes para que no hagan cerrar mi boca antes de murmullar esas ocho letras que me cambiarían el rumbo y seguidito esto, los sentidos.
Quererte se me hace como una montaña rusa, tan corta, pero eterna como las religiones.
Así de fácil es quererte, así de difícil es llegar a decirlo.
Y en sueños, cuando nadie más puede averiguar mi intrépido pensar, mi cobardía valiente, es cuando no me importa que al tirarme al abordaje fracture mis costados y se me coagulen los temores.
En ese momento, no me importa nada más que la nada misma.
Pero la vida es un sueño sólo cuando no tengo la vista cansada. La vida sólo es un sueño cuando estimo que me es más fácil la extraña sensación de no hacer cosas.
La vida es un sueño cuando me vuelvo cobarde.
Porque detrás de la cortina, en vivo, en directo, donde no hay nada detrás de las bambalinas,
estoy en modo: cámara, acción.
Y no quiero esperar a que llegue el "corte" para que mi lengua se avive un poquito.
Así que dentro de un par de días, quizás horas o años ( si se me achuncha el caminar) te diré las ocho sílabas más fáciles de leer, murmullar y sentir, pero las más difíciles de decir.
Te quiero.