Cristina Prieto Díaz
Poeta recién llegado
Este horizonte añil perfilado de chimeneas,
torres y bruma que ansia la respiración
nos trae cada atardecer, luz que escapa
tal vez, a los niños de índigo que ni sepan
ni nadie se de cuenta nunca de quiénes eran
antes de llegar; ya que estábamos aquí
en recuerdo de la yerma tierra.
Al rojo amanecer, elevando un canto de jilguero
débil, suave, lejano en su magia de letanía que
despide nostalgia del verde y nuevo esplendor
perdido tras años de nuestra evolución.
Y en ésta, sí, esta ciudad de lombrices
y gusanada jerarquizada, ¡aún congelada!
el tiempo se pierde sin nombres, ni dioses.
Sin inventos del genio de castas
saber sacar un as de la manga
es más o menos una guerra ganada
por un nombre, un techo de ramas
y por un saco de dormir suspiran.
Los artistas no encuentran su par
del la voz innata, silenciada, y gritar
¡desmantelar el pastel al gritar!
Cristina Prieto Díaz.
torres y bruma que ansia la respiración
nos trae cada atardecer, luz que escapa
tal vez, a los niños de índigo que ni sepan
ni nadie se de cuenta nunca de quiénes eran
antes de llegar; ya que estábamos aquí
en recuerdo de la yerma tierra.
Al rojo amanecer, elevando un canto de jilguero
débil, suave, lejano en su magia de letanía que
despide nostalgia del verde y nuevo esplendor
perdido tras años de nuestra evolución.
Y en ésta, sí, esta ciudad de lombrices
y gusanada jerarquizada, ¡aún congelada!
el tiempo se pierde sin nombres, ni dioses.
Sin inventos del genio de castas
saber sacar un as de la manga
es más o menos una guerra ganada
por un nombre, un techo de ramas
y por un saco de dormir suspiran.
Los artistas no encuentran su par
del la voz innata, silenciada, y gritar
¡desmantelar el pastel al gritar!
Cristina Prieto Díaz.