Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Se amontonaban las palabras
en los árboles cubiertos
de hombres,
las huellas de la tarde
devoraban despedidas,
los peces del río bebían
coca-cola,
un ejercito de transeúntes
perseguía sus sueños,
la luna sin pereza
se vestía de blanco,
en mis dedos reía
la noche,
sentado en un banco
esperaba a Cristina,
saboreando su nombre,
besando su recuerdo,
cuando ella llegó
le robé sus ojos
y le besé las alas
mientras sus manos
alumbraban la plaza,
me habló con la dulzura
del tiempo que nos esperaba,
la abracé con la fuerza
de mis pasos
y nos fuimos caminando
entre la gente
con nuestro amor a cuestas.
en los árboles cubiertos
de hombres,
las huellas de la tarde
devoraban despedidas,
los peces del río bebían
coca-cola,
un ejercito de transeúntes
perseguía sus sueños,
la luna sin pereza
se vestía de blanco,
en mis dedos reía
la noche,
sentado en un banco
esperaba a Cristina,
saboreando su nombre,
besando su recuerdo,
cuando ella llegó
le robé sus ojos
y le besé las alas
mientras sus manos
alumbraban la plaza,
me habló con la dulzura
del tiempo que nos esperaba,
la abracé con la fuerza
de mis pasos
y nos fuimos caminando
entre la gente
con nuestro amor a cuestas.