Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Si después del primer vagido que aturdió el infinito
tus mandíbulas hambrientas,
abrevaron en antiguos espejismos atreviéndose a
quebrantos,
atreviéndose a sonar en carcajadas burlonas y a congelarse
en falsos rumores,
en los perpetuos rumores del amor sin
tapujos, movilizados en los retorcidos caminos del insano
descenso en la memoria rediviva,
en el instante de quebrantarse los cristales por donde vimos
pasar el cortejo de briosos caballos mansos,
repentinamente inmóviles
ante el filoso cuchillo desbocado en sangrientos encuentros,
en delirantes encuentros que llenaron páginas del Alfa y el Omega,
que ignorados pretendieron fraguar nostalgias,
cortar vísceras encarnadas, devorar figuras de la tierra ardiente
adherirse a la aflicción de párpados mojados,
a la consumación del amor que quise dejar en abandono,
y que después de estar a tu lado,
me impulsó a salir descalzo a aletear otro rumbo sólo
para volver a ti volando...
tus mandíbulas hambrientas,
abrevaron en antiguos espejismos atreviéndose a
quebrantos,
atreviéndose a sonar en carcajadas burlonas y a congelarse
en falsos rumores,
en los perpetuos rumores del amor sin
tapujos, movilizados en los retorcidos caminos del insano
descenso en la memoria rediviva,
en el instante de quebrantarse los cristales por donde vimos
pasar el cortejo de briosos caballos mansos,
repentinamente inmóviles
ante el filoso cuchillo desbocado en sangrientos encuentros,
en delirantes encuentros que llenaron páginas del Alfa y el Omega,
que ignorados pretendieron fraguar nostalgias,
cortar vísceras encarnadas, devorar figuras de la tierra ardiente
adherirse a la aflicción de párpados mojados,
a la consumación del amor que quise dejar en abandono,
y que después de estar a tu lado,
me impulsó a salir descalzo a aletear otro rumbo sólo
para volver a ti volando...