Oculto deseo

Joanna Meminger

Dostet darum.
Te vi.

Recorrí tu cara, tu expresión,
tu sonrisa y tu mirada.

Te miré.

Me detuve en tus labios rojos,
y en tus ojos marrones
que se detuvieron en los míos.

Te probé.

Un beso fue suficiente para conocer
el sabor que quiero que acompañe
mis lágrimas saladas.

Te olí.

El perfume que llevas en tu piel
y en tu alma,
estremeció cada célula en mí.

Te quise.

Desde el instante en que
tus dedos se entrelazaron con los míos.
Desde el momento en que
el mundo dejó de existir para mí.

Te amé.

Como nunca antes y como nunca jamás.
Cuando nuestros cuerpos crearon un sinfín
de expresiones,
cuando nuestras almas iluminaron
el firmamento que creía perdido,
cuando tu piel y la mía engendraron
un fuego sin nombre,
una llama inmortal.

Y te deseé.

Desde ese segundo en que toqué tu pecho
y sentí palpitar al mundo entero,
desde el momento en que tus manos
se adueñaron de mis curvas
y de mis ocultos deseos.

Y te quiero,
te amo, y
te deseo.
Ahora, en este preciso momento.
Pero no te tengo a mi lado.

Y sé que debo guardar
todos estos sentimientos
para un día, mirarte a los ojos
y contarte, entre tantos besos
todos mis secretos.

Joanna Meminger
 
Te vi.

Recorrí tu cara, tu expresión,
tu sonrisa y tu mirada.

Te miré.

Me detuve en tus labios rojos,
y en tus ojos marrones
que se detuvieron en los míos.

Te probé.

Un beso fue suficiente para conocer
el sabor que quiero que acompañe
mis lágrimas saladas.

Te olí.

El perfume que llevas en tu piel
y en tu alma,
estremeció cada célula en mí.

Te quise.

Desde el instante en que
tus dedos se entrelazaron con los míos.
Desde el momento en que
el mundo dejó de existir para mí.

Te amé.

Como nunca antes y como nunca jamás.
Cuando nuestros cuerpos crearon un sinfín
de expresiones,
cuando nuestras almas iluminaron
el firmamento que creía perdido,
cuando tu piel y la mía engendraron
un fuego sin nombre,
una llama inmortal.

Y te deseé.

Desde ese segundo en que toqué tu pecho
y sentí palpitar al mundo entero,
desde el momento en que tus manos
se adueñaron de mis curvas
y de mis ocultos deseos.

Y te quiero,
te amo, y
te deseo.
Ahora, en este preciso momento.
Pero no te tengo a mi lado.

Y sé que debo guardar
todos estos sentimientos
para un día, mirarte a los ojos
y contarte, entre tantos besos
todos mis secretos.

Joanna Meminger

Sentidos en plenitud que son vereda latente para los sentimientos
internos se amarren a esa combustion de amor que es espacio
de impulsos sin limite. felicidades. bella composicion. luzyabsenta
 
Te vi.

Recorrí tu cara, tu expresión,
tu sonrisa y tu mirada.

Te miré.

Me detuve en tus labios rojos,
y en tus ojos marrones
que se detuvieron en los míos.

Te probé.

Un beso fue suficiente para conocer
el sabor que quiero que acompañe
mis lágrimas saladas.

Te olí.

El perfume que llevas en tu piel
y en tu alma,
estremeció cada célula en mí.

Te quise.

Desde el instante en que
tus dedos se entrelazaron con los míos.
Desde el momento en que
el mundo dejó de existir para mí.

Te amé.

Como nunca antes y como nunca jamás.
Cuando nuestros cuerpos crearon un sinfín
de expresiones,
cuando nuestras almas iluminaron
el firmamento que creía perdido,
cuando tu piel y la mía engendraron
un fuego sin nombre,
una llama inmortal.

Y te deseé.

Desde ese segundo en que toqué tu pecho
y sentí palpitar al mundo entero,
desde el momento en que tus manos
se adueñaron de mis curvas
y de mis ocultos deseos.

Y te quiero,
te amo, y
te deseo.
Ahora, en este preciso momento.
Pero no te tengo a mi lado.

Y sé que debo guardar
todos estos sentimientos
para un día, mirarte a los ojos
y contarte, entre tantos besos
todos mis secretos.

Joanna Meminger
Bellos y sentidos sentimienros para un gran poema de amor. Muy bueno amiga Joanna. Un abrazo. Paco.
 

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