Monte bendito

RAMIPOETA

– RAMIRO PONCE ”POETA RAPSODA"
Monte bendito (Soneto Alejandrino)

El monte subyugante me domó siendo niño,
me enseñó los secreto de la supervivencia,
lo hacía con esmero; poniéndole exigencia
me trató con la fuerza de su inmenso cariño.


Conviví en las riberas del río que era ensueño,
ungido fui del cedro frondoso, milenario,
en la montaña agreste me sentí millonario
porque todo era dicha, siendo de todo el dueño.


Bendecía la tierra que me amó con ternura,
le verdecí a la noche sin que salga la luna;
regalaba paisajes de extremada hermosura.


Los follajes caídos servían de antracita
para la gran fogata que sofocaba el frío,
refocilando el alma, con la humilde chocita.

Ramiro Ponce P.


 
Última edición:
Tus versos amigo Ramipoeta,
tus versos son como las palabras ungidas en la tristeza,
son palabras que embelesan cuando todas ellas están cautivas
de amores y de auténtica belleza...excelente Alejandrino,
es como todos los tuyos...excelentes...abrazos...
Ángel
 
Mil gracias amigo Ángel, gracias a vuestra generosidad.
Fuerte abrazo.


Tus versos amigo Ramipoeta,
tus versos son como las palabras ungidas en la tristeza,
son palabras que embelesan cuando todas ellas están cautivas
de amores y de auténtica belleza...excelente Alejandrino,
es como todos los tuyos...excelentes...abrazos...
Ángel
 
Magníficos paisajes van pintando sus hermosos versos, naturaleza, noche, magia y sueño conviven en la gran belleza de su poema. Un placer pasar por su maravillosa poesía, reciba mi más cordial saludo.
 
Monte bendito (Soneto Alejandrino)

El monte subyugante me domó siendo niño,
me enseñó los secreto de la supervivencia,
lo hacía con esmero; poniéndole exigencia
me trató con la fuerza de su inmenso cariño.


Conviví en las riberas del río que era ensueño,
ungido fui del cedro frondoso, milenario,
en la montaña agreste me sentí millonario
porque todo era dicha, siendo de todo el dueño.


Bendecía la tierra que me amó con ternura,
le verdecí a la noche sin que salga la luna;
regalaba paisajes de extremada hermosura.

Los follajes caídos servían de antracita
para la gran fogata que sofocaba el frío,
refocilando el alma, en la humilde chocita.

Ramiro Ponce P.

Bello tu poema!! Lleno de verdor, frescura y ricas imagenes. Un placer deleitarme con tus versos. Abrazos!
 

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