Roberto Xavier Rodriguez
Roberto Javier Rodríguez Santiago
Mi nombre es Roberto Javier Rodríguez Santiago, y era yo un aficionado a la sociología teorica a principios de la década de 2000. De la lectura de referencias marxistas llegué a conocer de Hegel. De la lectura de referencias al interaccionismo simbólico llegué a atisbar la fenomenologia. Era un estudiante responsable en la Universidad (no por jactancia) y todavía saludable. Compraba libros en Book Store y la Librería Paliques que devoraba con el intelecto como el gato Garfield devora la lasagna. Comencé a leer introducciones a la filosofía de Aristóteles, de la que entonces solamente podía conceptualizar los términos acto-potencia, así como la filosofía de Descartes, con la cual simpatizaba. Algunas noches de verano (no tenía clases universitarias) me iba a las discotecas y analizaba el ambiente con teorías sociológicas. Me decante por leer y escribir poemas, cuentos y artículos o ensayos. Yo admiraba el humanismo renacentista y amaba su ideal de libertad académica e intelectual. Durante casi una década traté de implementar la duda metódica, lo que, unido a una 'condición psicológica', me trajo una vida desastrosa de bohemio, poeta e intelectual errabundo. Salí parcialmente del escepticismo cartesiano descubriendo la alguedad de mi interioridad y de mi exterioridad, así como siguiendo a lo Newton la fe en que Dios está en todas partes. Me dediqué a publicar libros de poesía de mediana calidad y escaso éxito. Me envolvi en el mundo académico e intelectual en calidad de biblioteca deambulante. Ahora, con un poco de más madurez, puedo decir que la poesía es un arte sublime difícil de arraigar en la putrefacción social de la vida urbana, sobretodo si es una urbe decadente; que el humanismo renacentista es un bello ideal aplastado por la sociedad materialista; que la sociología es más una artesanía teórica que una ciencia; que Marx era más un combustible de la venganza de clases que un científico; que Hegel jugaba con la filosofía; que la fenomenologia de Husserl es honesta, pero insuficiente; que Aristóteles es difícil de digerir, pero de profunda reflexión; que Descartes era un arrogante... Prefiero no seguir con este inventario de desilusiones. En su lugar, trataré de esbozar mi idea de un proyecto de metafísica. Desde Tales de Mileto a Hawking la física ha cambiado de manera evidente. En contraste, la metafísica se ha enclaustrado en tradiciones filosóficas que no le permiten una visión panoptica. La crítica tradicional exigiría una demolición filosófica al plato. No estimo razonable seguir ese estilo de crítica. En vez, ¿por qué no enfrentamos (posicionamos una frente a la otra) las diversas ciencias, físicas y tradiciones filosóficas y dejamos que dialoguen entre sí? De las conclusiones alcanzadas podríamos hacer una metafísica con un horizonte más amplio. Mucho más amplio. ¿Qué tal? ¿Qué consideraciones tiene esta idea de proyecto en la academia? ¿Seguirá siendo la filosofía el papagayo de determinada escuela que es ciega al panorama academico, cultural, intelectual y social? ¿Hasta cuándo?