Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Aquel vestigio de un amor desconocido
bastión de memorias inconscientes
reminiscencia constante
de no poder conocerte
pero aparecida siempre
presintiendote.
Sublime es la caricia
de un calor flagelante y azul
un fuego que enciente
al cerrar los ojos y pensarte
sin poder describirte,
cercana y desconocida
te presiento como las lluvias de abril.
Vivir constantemente
en tu incandescencia
vela de altares soñados y eterna
te pareces a lo desconocido
y te reconozco aun estando ciego
pues fueron tuyos mis ensueños
desde que me toco la brisa
de mi hombría cierta.
Yo te sabía mía antes de conocer
tus ojos ocultos,
antes de asomarme por el horizonte
de tus hombros ese otoño
ya te conocía,
despedí tardes y días
en el tiempo
y gaste noches como no te imaginas,
te pareces a mi vida
y te pareces tanto mis sueños
mirándote ahora
cuando te miro.
De cicatrices yo se
y se suavizan con tu aroma
siempre,
fuego eterno que no se apaga
aunque estés ausente,
te necesito
y te quiero
desde que estallo aquella tarde
en mis ojos
y te vi por primera vez
para reconocerte al instante,
y me basto tocar tus manos
para que tú me reconocieras
a mí.
En la distancia y cuando me alejo
siempre me llevo tu fuego
y el silencio que se dibuja en tu boca
cuando me dices te quiero,
y a través de la ventana empañada
refugiado en mi propio silencio
trato de decirte
que por fin te encontré.
bastión de memorias inconscientes
reminiscencia constante
de no poder conocerte
pero aparecida siempre
presintiendote.
Sublime es la caricia
de un calor flagelante y azul
un fuego que enciente
al cerrar los ojos y pensarte
sin poder describirte,
cercana y desconocida
te presiento como las lluvias de abril.
Vivir constantemente
en tu incandescencia
vela de altares soñados y eterna
te pareces a lo desconocido
y te reconozco aun estando ciego
pues fueron tuyos mis ensueños
desde que me toco la brisa
de mi hombría cierta.
Yo te sabía mía antes de conocer
tus ojos ocultos,
antes de asomarme por el horizonte
de tus hombros ese otoño
ya te conocía,
despedí tardes y días
en el tiempo
y gaste noches como no te imaginas,
te pareces a mi vida
y te pareces tanto mis sueños
mirándote ahora
cuando te miro.
De cicatrices yo se
y se suavizan con tu aroma
siempre,
fuego eterno que no se apaga
aunque estés ausente,
te necesito
y te quiero
desde que estallo aquella tarde
en mis ojos
y te vi por primera vez
para reconocerte al instante,
y me basto tocar tus manos
para que tú me reconocieras
a mí.
En la distancia y cuando me alejo
siempre me llevo tu fuego
y el silencio que se dibuja en tu boca
cuando me dices te quiero,
y a través de la ventana empañada
refugiado en mi propio silencio
trato de decirte
que por fin te encontré.
Última edición: