Pavel Eduren
Poeta fiel al portal
Yo (,) te recuerdo (,)
que cuando caigan las auroras
y el tiempo se olvide de nosotros
yo te recuerdo
que cuando la tierra nos lave las manos
y el frío invada nuestro cuerpo podré decirte vida,
aquí y ahora yacemos,
muertos de amor.
Sí, nuestro,
te recuerdo,
que el hambre, el dolor y la nostalgia,
son compañeros de viaje,
yo te recuerdo, que la vida
es un camino largo, resbaladizo
y pedregoso,
que se hace más fácil andar
si sigues tu oído y escuchas
al viento.
No te deslumbres por la vía,
no caigas en las sombras que han pisado ya otros,
en otros tiempos y que se han perdido.
..........................................
Ahora, mi bien:
Caminemos juntos tras el follaje,
arañémonos el cuerpo apartando hiedras, palabras espinosas,
caigámonos en el fondo de un abismo lleno de miedo,
y salgamos, magullados, heridos de vanidad, pero victoriosos.
Vivamos días oscuros llenándolos de nuestra luz,
de nuestro calor, de nuestra agobiante fuerza para
reírnos ante la adversidad.
Escupámosle entre los ojos a la muerte y riamos,
como si el mundo se acabase bajo nuestros pies.
Demos, siempre, las bendiciones,
y que nuestros enemigos teman nuestro amor.
Vamos, nuestro, andemos, para que algún día
puedan decir, miren, allí y ahora yacen,
esos locos,
muertos de amor.
que cuando caigan las auroras
y el tiempo se olvide de nosotros
yo te recuerdo
que cuando la tierra nos lave las manos
y el frío invada nuestro cuerpo podré decirte vida,
aquí y ahora yacemos,
muertos de amor.
Sí, nuestro,
te recuerdo,
que el hambre, el dolor y la nostalgia,
son compañeros de viaje,
yo te recuerdo, que la vida
es un camino largo, resbaladizo
y pedregoso,
que se hace más fácil andar
si sigues tu oído y escuchas
al viento.
No te deslumbres por la vía,
no caigas en las sombras que han pisado ya otros,
en otros tiempos y que se han perdido.
..........................................
Ahora, mi bien:
Caminemos juntos tras el follaje,
arañémonos el cuerpo apartando hiedras, palabras espinosas,
caigámonos en el fondo de un abismo lleno de miedo,
y salgamos, magullados, heridos de vanidad, pero victoriosos.
Vivamos días oscuros llenándolos de nuestra luz,
de nuestro calor, de nuestra agobiante fuerza para
reírnos ante la adversidad.
Escupámosle entre los ojos a la muerte y riamos,
como si el mundo se acabase bajo nuestros pies.
Demos, siempre, las bendiciones,
y que nuestros enemigos teman nuestro amor.
Vamos, nuestro, andemos, para que algún día
puedan decir, miren, allí y ahora yacen,
esos locos,
muertos de amor.