jeanpau
Poeta asiduo al portal
Tengo una daga que se incrusta en el pecho;
moliente se atesora por las venas,
el néctar que me navega a su naufragio.
Allá tengo su mirada enardecida
del sueño que atraca los detalles
en la lucha del amor que se marcha.
No me basta ya su sonrisa parca,
ni el fuego de la lluvia entre sus blancas manos,
la estrella que se fuga entre sus pupilas.
Para quien amarla pudo,
con la más mínima sustancia del deseo.
Sus recuerdos se corroen abandonando
las rocas encrespadas por sus olas,
marchitas yacen caracolas
de un ancho mar no descubierto.
Etérea yace un amor de arena,
por el sendero de unas salmueras bastas,
la tarde va cayendo y entonces,
la marea te absorbe las pisadas.
Y solo… con la veteranía del alba
el espacio me abandona,
con el rayo de luz que rasga el paraíso.
Y una gaviota revuela,
en las piruetas vespertinas. Anuncia;
que dentro de ti se marcha,
la divina comedia, con la blanca espuma.
De tu colina que me desgarra,
los últimos versos que te nombran,
aunque siga esperando en la tarde
con la daga que incrusta mi pecho.
Mi amor… mi amante…mía.
Tal vez ya tenga nuevo amor, pero el anterior nunca se olvida...
moliente se atesora por las venas,
el néctar que me navega a su naufragio.
Allá tengo su mirada enardecida
del sueño que atraca los detalles
en la lucha del amor que se marcha.
No me basta ya su sonrisa parca,
ni el fuego de la lluvia entre sus blancas manos,
la estrella que se fuga entre sus pupilas.
Para quien amarla pudo,
con la más mínima sustancia del deseo.
Sus recuerdos se corroen abandonando
las rocas encrespadas por sus olas,
marchitas yacen caracolas
de un ancho mar no descubierto.
Etérea yace un amor de arena,
por el sendero de unas salmueras bastas,
la tarde va cayendo y entonces,
la marea te absorbe las pisadas.
Y solo… con la veteranía del alba
el espacio me abandona,
con el rayo de luz que rasga el paraíso.
Y una gaviota revuela,
en las piruetas vespertinas. Anuncia;
que dentro de ti se marcha,
la divina comedia, con la blanca espuma.
De tu colina que me desgarra,
los últimos versos que te nombran,
aunque siga esperando en la tarde
con la daga que incrusta mi pecho.
Mi amor… mi amante…mía.
Tal vez ya tenga nuevo amor, pero el anterior nunca se olvida...