Me encanta la historia, la reflexión que has plasmado aquí. Tiene momentos como de fábula, como de enseñanza, y es que d ala impresión de que los versos los dicta el raciocinio, intentando calmar internamente, con escaso éxito, al niño fogoso que solo se lanza, minando amablemente el sentimiento con ese reconocimiento de que tiene mucho de delirio, que solo es amar sueños, que es algo irreal. ¿Cuántas veces me estaré repitiendo yo lo mismo o parecido?:
Cito estos versos porque creo que en ellos es donde más claramente defines tu visión de ese amor hacia lo irreal, hacia lo idealizado. No sé cuál es el orden. ¿Primero amas y luego idealizas o al revés, o es una realimentación positiva, una resonancia, que solo tiene el límite del propio sujeto?
Hay también una parte de fatalismo, de imposibilidad de hacer realidad el sueño, tal vez nacido de la voz de la experiencia:
Esto me recuerda también a algo que me dijo un amigo de que algunas ilusiones, algunas fantasías, es mejor no cumplirlas y seguir teniéndolas.
El final, sin embargo, es un poco desconcertante. El raciocinio parece romperse, o más bien, anegarse, como si no pudiera contener ya la emoción:
Es un final trágico, pero no del todo explícito, en el que tal vez otorgas al lector el privilegio de llegar a su propio final.
Si el mío nace de mis experiencias, los sueños son frágiles y al mismo tiempo insaciables, y cada intentan acercarse más a la realidad, hasta que la cruzan y su naturaleza de sueño queda expuesta y ahí, se deshacen, pero para terminar de borrar completamente el sueño, ¡ay!, hay que llorar muchos pedazos.
Gran análisis Alvaro. Me causa hasta rubor que te detengas tanto en mis palabras pero es muy halagador. Gracias y espero poder corresponderte, aunque no doy para mucho más... Como poco te explico lo que pienso del tema amor.
Los románticos (incluso los renegados como tú te defines) somos unos idealistas. Pienso que nos enamoramos por necesidad pues estar enamorado es emocionante y embaucador. Tenemos un ideal en la cabeza que le endosamos al que más se asemeja a ese ideal con tal de sentir algo tan sublime. Reconocemos ese sentimiento idílico como algo espléndido y agradable del que no queremos separarnos. Pero vivimos en el mundo real y en cada instante y con cada acto nos damos cuenta que es así. Muchas veces el mundo real desmonta nuestros ideales y hasta nuestros amores platónicos y es triste pues sentimientos tan bellos deberían estar salvaguardados de cualquier mal o realidad que los aceche. Pero es la vida, una dualidad de ideales y realidad. Matar un ideal, más aun uno de amor, puede ser delirante como dices, por lo que a veces incluso preferimos no exponerlo. Creo que los versos reflejan ese afán de defender al amor puro frente a la realidad que tanto y tantas veces nos desgasta y desencanta.
Respecto a tu pregunta, creo que la propia necesidad de amar nos hace idealizar primero para así enamorarnos perdidamente después. Cada persona maneja su ideal de amor, unas lo dejan en todo lo alto, otras lo racionalizan un poco para emparejarse y avanzar, y si al final les falla su pareja es que esta no ha estado a la altura de sus expectativas (su ideal), no era el príncipe o la princesa del cuento...
También pienso como tu amigo, que algunas ilusiones son tan bellas y aportan tanto a la persona que casi mejor dejarlas en ese terreno de lo inalcanzable. Esto depende de los golpes que te haya dado la realidad o de la vida interior que quieras tener. Los que nos recreamos en la poesía creo que somos muy de enamorarnos de nuestros altos ideales pues son sentimientos muy fuertes y que generan mucha vida interior. En mi caso he sido un romántico y creo que muy afortunado pero podía haber sido al contrario y eso suele dar pánico.
El final salio de la propia escena, el mar siempre borra las huellas y ya sólo quedaba la metáfora: la realidad y las lágrimas también borraron las huellas. Da igual si fue porque las huellas no eran del amor esperado o porque la razón nos hizo descartar tan absurdo proceder, como tú dices, a gusto del consumidor, aunque me gusta más esta segunda alternativa que todavía genera más sensaciones.
Borrar sueños con muchas lágrimas es propio de un desamor, digamos que el agua con sal cauteriza muchas heridas, esta bien.
Respecto al amor y al desamor te voy a confesar mi última conclusión al respecto. Igual me equivoco, pero espero que te sirva (seguro que por lo menos te comes el tarro unos ratos como hice yo) pues racionalizar nuestros sentimientos nos ayuda a conocernos y creo que a no sacar las cosas de quicio y así poderlas controlar mejor.
Ahí va: El amor es el nombre atractivo y lujoso de algo sencillo llamado "egoísmo". Por eso alguna vez por aquí, en un portal donde destaca el Foro de Amor, he dicho que habría que sentarlo en un banquillo... Es "querer" "querer" y "querer" lo que pasa es que como ya no somos infantes lo maquillamos y lo adornamos envuelto en papel de oro y bellos sentimientos en su corte. Claro que hay que ganárselo por sí mismo, con "dar", "dar" y "dar", pero desde el principio fue "querer", algo tan simple como le ocurre a un niño con un juguete bonito o con cualquier otro capricho. Llega una edad en que no queremos objetos, sino personas pues nuestros instintos nos inducen a ello y eso tiene otras reglas... No es lo mismo morir de amor que morir de egoísmo pero quizás no haya tanta diferencia en el origen y fondo de la cuestión. Es otra idea para reflexionar y a mí me sorprendió por lo que ahora, que sigo disfrutando de la sensación de amar, por qué no, me hace gracia pensar que soy un sencillo egoísta enamorado.
Un abrazo Alvaro y perdona que no dedique más tiempo a tus interesantes reflexiones y tus magnificas letras, pero prometo hacerlo, sé que estas ahí.