Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
“El arcángel alza el vuelo,
su hoz brilla en la oscuridad,
no es su culpa mi maldad,
busco las puertas del cielo”
Del Poema de mi autoría:
VERSOS NEGROS (III)
su hoz brilla en la oscuridad,
no es su culpa mi maldad,
busco las puertas del cielo”
Del Poema de mi autoría:
VERSOS NEGROS (III)
Hoy escribí en tu partida
sutiles versos de duelo
bajo nostálgicas liras
y notas de un dulce chelo,
con lágrimas de agua dulce
que anegaron el riachuelo,
!partiste madre querida¡
a universo paralelo,
y al darte la despedida
el arcángel alza el vuelo.
Faltó el beso, madre amada,
del adiós y la piedad
y tu manita en mi cara
calmando la soledad,
pero alivia la desgracia
que depara la orfandad
el saber que me quisiste
y te quise de verdad,
madre: ¡la muerte ha llegado,
su hoz brilla en la oscuridad!
Dios te deparó la gloria
y yo versos de bondad,
viviste tanto la vida
hasta ver la ancianidad,
con los ojos de alegría
y arruguitas de tu edad,
y aunque el dolor me lastima
y devora mi ansiedad
¡No he de culpar a la muerte,
no es su culpa mi maldad!
Aún conservo madrecita
aquel último pañuelo,
donde estampaste el adiós
con las letras del tejuelo,
el que pasó en tu carita
mi hermana con gran recelo,
tu pañuelo blanquecino
con olorcito a pomelo,
lo conservo y mientras tanto
busco las puertas del cielo.
Hasta pronto madrecita...
mi tierno y dulce desvelo.
sutiles versos de duelo
bajo nostálgicas liras
y notas de un dulce chelo,
con lágrimas de agua dulce
que anegaron el riachuelo,
!partiste madre querida¡
a universo paralelo,
y al darte la despedida
el arcángel alza el vuelo.
Faltó el beso, madre amada,
del adiós y la piedad
y tu manita en mi cara
calmando la soledad,
pero alivia la desgracia
que depara la orfandad
el saber que me quisiste
y te quise de verdad,
madre: ¡la muerte ha llegado,
su hoz brilla en la oscuridad!
Dios te deparó la gloria
y yo versos de bondad,
viviste tanto la vida
hasta ver la ancianidad,
con los ojos de alegría
y arruguitas de tu edad,
y aunque el dolor me lastima
y devora mi ansiedad
¡No he de culpar a la muerte,
no es su culpa mi maldad!
Aún conservo madrecita
aquel último pañuelo,
donde estampaste el adiós
con las letras del tejuelo,
el que pasó en tu carita
mi hermana con gran recelo,
tu pañuelo blanquecino
con olorcito a pomelo,
lo conservo y mientras tanto
busco las puertas del cielo.
Hasta pronto madrecita...
mi tierno y dulce desvelo.
© Manuel Bastidas Mora
Venezuela
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