Rafael Llamas Jimenez
Poeta veterano en el portal
Entrañable profesor
En aquel pupitre viejo
carcomido por los años
de aquellos días antaños,
la enseñanza era un festejo.
¡La lira y el ovillejo!
Con práctica y teoría
vocación y maestría,
siempre me dio buen consejo.
¡Entrañable profesor!
Don Eduardo me enseñaba
que el lenguaje se trataba
con cariño y con vigor.
¡Serás un gran trovador!
Me cautivó con Platero,
con Lorca y su romancero,
y un tal Hérnandez, pastor.
En sonetos y sextillas
en décimas y cuartetos,
en romances y tercetos
soy poeta entre comillas.
Me encanta escribir coplillas.
Desde el cielo leerá
y orgulloso, ¿aprobará?
mis humildes octavillas.
Rafael Llamas Jiménez
En aquel pupitre viejo
carcomido por los años
de aquellos días antaños,
la enseñanza era un festejo.
¡La lira y el ovillejo!
Con práctica y teoría
vocación y maestría,
siempre me dio buen consejo.
¡Entrañable profesor!
Don Eduardo me enseñaba
que el lenguaje se trataba
con cariño y con vigor.
¡Serás un gran trovador!
Me cautivó con Platero,
con Lorca y su romancero,
y un tal Hérnandez, pastor.
En sonetos y sextillas
en décimas y cuartetos,
en romances y tercetos
soy poeta entre comillas.
Me encanta escribir coplillas.
Desde el cielo leerá
y orgulloso, ¿aprobará?
mis humildes octavillas.
Rafael Llamas Jiménez
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