Derghos
A la nada regresa la realidad de las palabras
Deslumbraba el oscuro azabache ignoto,
el blanco derretirse del polvo celeste,
llovía con el ámbar y sus alas.
El cielo lucía inundando las estrellas.
La luna, en el arroyo airaba su zafiro,
y la nieve, sobre el arcoíris en la noche,
sonreía junto a palomas fugaces.
Un suspiro voló lágrimas de añejo azabache
fundiendo sus marinas melenas descosidas
en la brisa con el ámbar.
Flores de cuarzo las recogían,
al calor de su vuelo el rocío cristalizaba
y los bosques radiantes brotaban
una sinfonía de luz y color en éxtasis.
Lágrimas y fuego.
Estrellas y azabache.
Posándose en el pecho,
latiendo crepitantes con música y dulzura
hasta condensarse entre latidos,
como especias en la sangre.
el blanco derretirse del polvo celeste,
llovía con el ámbar y sus alas.
El cielo lucía inundando las estrellas.
La luna, en el arroyo airaba su zafiro,
y la nieve, sobre el arcoíris en la noche,
sonreía junto a palomas fugaces.
Un suspiro voló lágrimas de añejo azabache
fundiendo sus marinas melenas descosidas
en la brisa con el ámbar.
Flores de cuarzo las recogían,
al calor de su vuelo el rocío cristalizaba
y los bosques radiantes brotaban
una sinfonía de luz y color en éxtasis.
Lágrimas y fuego.
Estrellas y azabache.
Posándose en el pecho,
latiendo crepitantes con música y dulzura
hasta condensarse entre latidos,
como especias en la sangre.
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