Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
ALEGRE DESPEDIDA
La madre colocó al niño, de tres añitos, sobre sus hombros, agitó los brazos del pequeño y forzó una sonrisa amplia, mientras las lágrimas nublaban su vista. Los dos se despedían del marido y del padre, el marinero asomado a la popa del barco petrolero que partía del puerto del Pireo
Entonces surgió la sorpresa: el marinero enarboló una enorme rama de olivo que había sacado de su maleta; parecía que hacía señales, como si fuese una bandera. La madre se alegró mucho cuando vio la rama, sonrió de nuevo, sin forzar los labios esta vez, mientras el sol evaporaba sus lágrimas enseguida. Las gaviotas que volaban alrededor también parecían despedirse agitando las alas.
Aquel mismo día, cuando se levantaron, habían decidido ahorrar para comprar un olivar en su pueblo, situado entre el monte Olimpo y el mar Egeo. Él tendría que trabajar en el mar durante siete años, con cortos periodos de vacaciones, para pagar el precio. No soportaban los largos meses que pasaban separados y esperaban vivir siempre juntos, después de los siete largos años, cultivando aceitunas en el pueblo donde habían nacido. El marinero quería enraizarse en su tierra, como los olivos. En el mar se sentía fuera de su lugar, como los peces en la tierra.
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