Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
La ola que hace desnudarse
al faro se pregunta
Continuamente
por el recuerdo.
cada respuesta horada más
la tamizada arena del tiempo
tartamudea un deshoje de la sangre y padece ese mismo vaivén al pronunciar su nombre,
entre los gajos abiertos del
corazón yo soy el envoltorio de la forma que
aun resiste ovalando su figura, que en el pecho se enciende como una llama
desobturada. Cada vez que se talla en lo lejano el rescate de la barcarola,
donde tentada otra vez la ola acaricia con persistente
pudrir del hueso,
los pies del hombre - faro.
Ya la penísula del amanecer, se rompe como una balsa de piedra al tocar en el horizonte con su deriva el fuego misterioso
que nos compone a todos
de brújula. Y mimosa la noche se desvanece del mutilar ajado fraccionando la disputa
del traje de piel,
como un jubón contiene
el vino de las bienvenidas.
Y la playa de la memoria
es recorrida por mi ausencia.
al faro se pregunta
Continuamente
por el recuerdo.
cada respuesta horada más
la tamizada arena del tiempo
tartamudea un deshoje de la sangre y padece ese mismo vaivén al pronunciar su nombre,
entre los gajos abiertos del
corazón yo soy el envoltorio de la forma que
aun resiste ovalando su figura, que en el pecho se enciende como una llama
desobturada. Cada vez que se talla en lo lejano el rescate de la barcarola,
donde tentada otra vez la ola acaricia con persistente
pudrir del hueso,
los pies del hombre - faro.
Ya la penísula del amanecer, se rompe como una balsa de piedra al tocar en el horizonte con su deriva el fuego misterioso
que nos compone a todos
de brújula. Y mimosa la noche se desvanece del mutilar ajado fraccionando la disputa
del traje de piel,
como un jubón contiene
el vino de las bienvenidas.
Y la playa de la memoria
es recorrida por mi ausencia.