¿De qué se construyen los sueños?
De una mano que acaricia,
de una esperanza que se levanta
entre el desierto
de la resignación cotidiana.
De un beso que no se esperaba,
de una palabra amable
dicha por un desconocido
cuando andabas perdido
por callejuelas extrañas.
De esa mirada perfecta,
de compasión no recompensada,
que luce tu perro
cuando la puerta abres de tu casa.
De esa luz que se filtra
cuando comienza la mañana,
sin nubes que oculten el azul
salpicado de gorjeos
de aves recién levantadas.
De esa compañía que tú representas;
de esas palabras que tú pronuncias
que llegan hasta lo hondo
de mis sentimientos ocultados
por una vergüenza tirana,
que hacen que una exótica flor
al que nombre no se dio,
se abra en mi interior
sin llegar la primavera.
De una mano que acaricia,
de una esperanza que se levanta
entre el desierto
de la resignación cotidiana.
De un beso que no se esperaba,
de una palabra amable
dicha por un desconocido
cuando andabas perdido
por callejuelas extrañas.
De esa mirada perfecta,
de compasión no recompensada,
que luce tu perro
cuando la puerta abres de tu casa.
De esa luz que se filtra
cuando comienza la mañana,
sin nubes que oculten el azul
salpicado de gorjeos
de aves recién levantadas.
De esa compañía que tú representas;
de esas palabras que tú pronuncias
que llegan hasta lo hondo
de mis sentimientos ocultados
por una vergüenza tirana,
que hacen que una exótica flor
al que nombre no se dio,
se abra en mi interior
sin llegar la primavera.