jmacgar
Poeta veterano en el portal
“…y cuando muera, tómalo y desmenúzalo
como estrellas diminutas para que iluminen
la faz del cielo tan primorosamente
que el mundo entero se enamorará de la noche,
y nadie rendirá tributo al deslumbrante sol.”
Habla Julieta en el acto tercero, escena segunda
de Romeo y Julieta, de William Shakespeare. *(1)
como estrellas diminutas para que iluminen
la faz del cielo tan primorosamente
que el mundo entero se enamorará de la noche,
y nadie rendirá tributo al deslumbrante sol.”
Habla Julieta en el acto tercero, escena segunda
de Romeo y Julieta, de William Shakespeare. *(1)
Reposen mis cenizas en la Luna
Cuando transcurra el tiempo señalado
para que mi existencia ya culmine
y en un cajón de pino, abrillantado,
se abrase el celuloide de mi cine
para que mi existencia ya culmine
y en un cajón de pino, abrillantado,
se abrase el celuloide de mi cine
y la palabra “FIN” se haya quemado
convirtiéndose en humo, y se adivine
en el azul del cielo despejado
que regreso al lugar de donde vine,
convirtiéndose en humo, y se adivine
en el azul del cielo despejado
que regreso al lugar de donde vine,
cuando llegue al final ese momento
quisiera que, sin rezos y sin misas,
una nave empujada por el viento
transportase a la Luna mis cenizas
quisiera que, sin rezos y sin misas,
una nave empujada por el viento
transportase a la Luna mis cenizas
para posarse allá, en la meseta,
donde hay unas palabras de Julieta,
donde hay unas palabras de Julieta,
y allí, ceniza quieta
sobre el planeta al que canté cual grillo,
seré polvo de estrellas con su brillo.
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sobre el planeta al que canté cual grillo,
seré polvo de estrellas con su brillo.
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*(1) He leído esta cita de Shakespeare en el libro “Una luz fugaz en la oscuridad” de Richard Dawkins donde cuenta esta hermosa historia:
La frase de Julieta se halla en una lápida fotográfica a modo de epitafio sobre la superficie de la Luna junto a las cenizas de Gene Shoemaker, científico fundador de la paleo-cosmología y las ciencias planetarias cuyo mayor aspiración en vida fue pisar el suelo lunar para lo cual incluso se estuvo preparando como astronauta; dicho sueño se frustró por una enfermedad; tras su desgraciada muerte años más tarde en un accidente de automóvil, su alumna y discípula Carolyn Porco, habló con la Nasa y en un vuelo de una sonda espacial no tripulada que enviaron a la Luna para hacer un estudio de nuestro satélite, y cuyo destino final era que luego alunizara en su superficie, mandaron en ella las cenizas de este científico que, de esta forma y después de muerto, vio cumplido su deseo gracias a los esfuerzos de esta alumna que tanto lo quiso; junto a sus cenizas iba el hermoso epitafio shakesperiano que encabeza este texto. Esta es la historia que me inspiró el soneto.
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