Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi querida dama,
soy consciente de que es usted comprometida
desde hace algún tiempo,
y por eso es mi deseo
que mis palabras no causen ofensa.
Desde hace mucho tiempo la llevo en la mente
saboreando el aire que deja al pasar,
su perfume es mi aliciente
y el sonido de sus pasos me da de vivir
y no distingo el mundo cuando la miro andar.
Su silueta es mi delirio,
y envidio a la tela que roza su piel
creando en mí un martirio
imaginando su desnudez.
Soy esclavo de su imagen
y mi esclavitud es pensarla noche y día,
despertar dibujando con mis labios su boca
y no añorar otra cosa que no sea su compañía.
Me deshago en halagos hacia usted
pues he comprobado que su belleza me impacta,
tenga consideración de mi forma de ser,
motivo por el cual me enamoro
constantemente al mirarla.
Nada en este mundo eclipsa su hermosura
ni brilla tanto como la luz de sus ojos,
le he dicho que no deseo ofenderla con mi palabra
y me temo que al pensarla yo mismo me sonrojo.
Le pido simplemente que no piense en mí
como si fuera un hombre cualquiera,
pues guardo su nombre como el más preciado tesoro,
a sus órdenes y a su amor mi corazón queda…
se despide… su esposo.
soy consciente de que es usted comprometida
desde hace algún tiempo,
y por eso es mi deseo
que mis palabras no causen ofensa.
Desde hace mucho tiempo la llevo en la mente
saboreando el aire que deja al pasar,
su perfume es mi aliciente
y el sonido de sus pasos me da de vivir
y no distingo el mundo cuando la miro andar.
Su silueta es mi delirio,
y envidio a la tela que roza su piel
creando en mí un martirio
imaginando su desnudez.
Soy esclavo de su imagen
y mi esclavitud es pensarla noche y día,
despertar dibujando con mis labios su boca
y no añorar otra cosa que no sea su compañía.
Me deshago en halagos hacia usted
pues he comprobado que su belleza me impacta,
tenga consideración de mi forma de ser,
motivo por el cual me enamoro
constantemente al mirarla.
Nada en este mundo eclipsa su hermosura
ni brilla tanto como la luz de sus ojos,
le he dicho que no deseo ofenderla con mi palabra
y me temo que al pensarla yo mismo me sonrojo.
Le pido simplemente que no piense en mí
como si fuera un hombre cualquiera,
pues guardo su nombre como el más preciado tesoro,
a sus órdenes y a su amor mi corazón queda…
se despide… su esposo.