Barzagath
Poeta recién llegado
No culpes al viento, por tus atrocidades venales, si al brotar las flores, se embalsama el aire con tu miasma de cadáver, y cuando sucede el algente sueño, tus parpados sopesan las calamidades del proscrito, quien fallece en tu lecho, solo advierte con el ímpetu del olvido, la última exhalación que tu alma desea, sin antes fluctuar entre aguas celestes, y envenenar con el ámbar de tu seno una boca sedienta de los infinitos placeres Humanos. ¡Ah, que delicadeza surge de ti, Súcubo de la lujuria, demiurgo del porvenir, solamente recuerda, los céfiros de tu aliento son los suplicios de mi pecho!