eenciso
Poeta fiel al portal
Un lugar, una guarida sigilosa,
ventanas vestidas por dispendiosas cortinas,
el piso bruñido, frío, el mueble para las ideas,
y el muro de mis huesos
donde escribo los poemas del orden de la vida
como a mí me aparecieron.
Allí vas, entre ideas iletradas,
por encima de lo más espigado,
mi lenguaje se desploma en elogios
solo de verte, enmudezco,
padezco y luego he renacido.
Tengo cantos para las caídas de tus manos,
el chasquido del vestido al andar,
el de tus ojos alumbrando nuestro mundo,
y uno diferente cada mañana
para saludar contiguos al siguiente día.
Cortando en el vientre del tiempo que vendrá
¡estamos allí!, aún hablamos bajo el arco-iris,
Yo, ya sólo te beso de vez en cuando,
con miedo, y sin que nadie nos mire.
ventanas vestidas por dispendiosas cortinas,
el piso bruñido, frío, el mueble para las ideas,
y el muro de mis huesos
donde escribo los poemas del orden de la vida
como a mí me aparecieron.
Allí vas, entre ideas iletradas,
por encima de lo más espigado,
mi lenguaje se desploma en elogios
solo de verte, enmudezco,
padezco y luego he renacido.
Tengo cantos para las caídas de tus manos,
el chasquido del vestido al andar,
el de tus ojos alumbrando nuestro mundo,
y uno diferente cada mañana
para saludar contiguos al siguiente día.
Cortando en el vientre del tiempo que vendrá
¡estamos allí!, aún hablamos bajo el arco-iris,
Yo, ya sólo te beso de vez en cuando,
con miedo, y sin que nadie nos mire.
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