Amado
Amado, en esta noche te ofreceré
la luz que te dibuja la silueta,
las horas invisibles que te afilan los rasgos,
el vaivén largo de tus ojos cansados,
el color aceituna de tu piel suave.
Amado, en este silencio te ofreceré
la vista con la que abarcas los ríos de mi memoria,
los antiguos romances donde compartir esta soledad,
las sombras donde te ocultas en sueños,
los trajes que inventas cada día para vestir tu alma.
Amado, en este instante te ofreceré
toda la melancolía que se escurre durante la muerte,
todos los deseos que tus oídos no podrán escuchar,
toda la poesía que anida en tu libertad,
todos los idiomas impronunciables que quieras inspirarme.
Amado, en esta horca te ofreceré
un final sin dolor, sin tragedia, sin retorno,
una alucinación donde sentirnos ebrios,
algunas lágrimas con que llorar a veces,
los colores que te recuerden lo que dejaste.
Amado, en este delirio quiero que me ofrezcas
tus labios pintados de metáforas azules,
tu acento de tierras lejanas, de río, de mar, de charango,
tus ojos negros, como un aliento que se apaga
y se cierran, en una melodía vestida de añoranza.
Amado, sólo necesito que me entregues
las palabras sencillas que me acarician el alma,
el deje sereno y vago de tu voz humilde,
tus miradas serias, que se agitan como las olas
de aquellos lugares que sólo pisé en libros.
Amado, en esta noche te ofreceré
la luz que te dibuja la silueta,
las horas invisibles que te afilan los rasgos,
el vaivén largo de tus ojos cansados,
el color aceituna de tu piel suave.
Amado, en este silencio te ofreceré
la vista con la que abarcas los ríos de mi memoria,
los antiguos romances donde compartir esta soledad,
las sombras donde te ocultas en sueños,
los trajes que inventas cada día para vestir tu alma.
Amado, en este instante te ofreceré
toda la melancolía que se escurre durante la muerte,
todos los deseos que tus oídos no podrán escuchar,
toda la poesía que anida en tu libertad,
todos los idiomas impronunciables que quieras inspirarme.
Amado, en esta horca te ofreceré
un final sin dolor, sin tragedia, sin retorno,
una alucinación donde sentirnos ebrios,
algunas lágrimas con que llorar a veces,
los colores que te recuerden lo que dejaste.
Amado, en este delirio quiero que me ofrezcas
tus labios pintados de metáforas azules,
tu acento de tierras lejanas, de río, de mar, de charango,
tus ojos negros, como un aliento que se apaga
y se cierran, en una melodía vestida de añoranza.
Amado, sólo necesito que me entregues
las palabras sencillas que me acarician el alma,
el deje sereno y vago de tu voz humilde,
tus miradas serias, que se agitan como las olas
de aquellos lugares que sólo pisé en libros.