orees19
Poeta que considera el portal su segunda casa
Durante sus últimas visitas al cuscatlán y al francisco morazán, los mexicanos han salido escaldados que ni te cuento, volviéndose a casa a pedir a papá blatter permitirles jugar el mundial (para más inri, esto lo escribo con mi camiseta de la selección hondureña, esa misma que le rompió las piernas al david villa en el mundial de 2010). Lamentablemente, no siempre ha sido así. Lo de las visitas de los mexicanos para su posterior sodomización, digo, no lo de hacerle mierda los tobillos al guaje.
Teníamos pues a nuestros mayas viviendo una vida de puta madre, ya todos guapetones e intelectuales pop con sus ciudades y sus chalets y su clase política hija de puta - hay cosas que no cambian- y el futuro se presentaba próspero y prometedor. Esto al menos para sus castas superiores, pero evidentemente la peña había mejorado sus condiciones desde invenciones como el cultivo en terrazas y los acueductos públicos. Pasados ya los días preclásicos de Kaminaljuyu y de El Mirador, una nueva urbe empezaba a convertirse en el nueva york de las tierras bajas: Tikal.
Los mayas se convencieron de sus posibilidades y de su raza divina y de su rol literario, científico y religioso, y de todo lo que le saliera de los huevos tras un par de chupitos. Y a diferencia de otras religiones que ordenaban (y ordenan) follar a lo tonto a la parienta del vecino o comer lodo en las mañanas, la de los amiguitos les mandaba a desembrollar los aquelarres cósmicos mediante la astronomía y la investigación metodológica. Ala, pues.
Todo muy bonito, coño, pero esta utopía galáctica estaba lejos de serlo. Así como súbitamente todo se va a tomar por saco la mañana en que cristiano ha tenido una mala noche, toma su deportivo, conduce y espeta ante las cámaras «estoy triste»: cuando la mara se despertaba de malas pulgas o la estrella x del cuadrante «que me salga de los cojones» sugería que era el tiempo propicio para quemar el pueblo de al lado, lanzas, dardos, flechas y mazos se aprestaban alegremente para mayor disfrute de la ciudad-estado y su moral cósmica a lo octavio augusto.
En esas estábamos al alba del clásico. Un clásico que trascendería la rivalidad madrid-barcelona, pues el feudo entre Tikal y Calakmul se convertiría en un conflicto eterno y sin tregua al más puro estilo kill bill. Bueno, sin embargo, al principio más bien era una liga más equilibrada, con los tocacojones de Caracol, Uaxactun y Naranjo provocándole mogollón de disgustos a la peña, al ver como durante alguna temporada en que la moral a lo octavio augusto caía a moral nivel josé mourinho, el que levantaba la copa era el atleti del cholo simeone, que con un par daba caña a los dos más chulos.
Y así entramos a un punto de no retorno, ciertamente definitorio de lo que sería el alma hija de la gran puta de la región para siempre: nos esmerábamos tanto en acabarnos entre nosotros mismos, que la vista se nos hacía estrecha y corta para darnos cuenta que se nos acercaba un hijo de su madre a hacer de las suyas con nuestras putillas y palacios de toda la vida de dios. Y éste era un mismísimo hijo de su madre, la gran zorra del momento.
Lejos, lejos de las tierras bajas centroamericanas donde se desarrolla nuestra historia, había nacido una ciudad harto poderosa, súper poblada y con la misma mala leche que la de sus descendientes. Se llamaba Teotihuacán. Ubicada al norte del valle de méxico y adoradora de una diosa zorra como solo ella y sanguinaria como la que más, las huestes teotihuacanas fueron extendiendo cada vez más lejos su cultura y jurisdicción, a base de machetazo limpio. Hola cómo está usted. Zas. Machetazo. Zas. Machetazo. Zas. Por si aún se movía. ¿Desea usted unirse a Teotihuacán?
Vamos, que a los que se quejan del bush habría que mandarles una semanita con los amigos teotihuacanos. Y todavía hay algún fumado que se atreve a hablar de las civilizaciones mexicanas y de amor y paz y socialismo. Con dos cojones.
Más o menos así debió de haber estado gran garra jaguar, catorceavo rey de Tikal por derecho divino y listillo, fumándose un porro y hablando de amor y paz y socialismo cuando el 14 de enero de 378 de nuestra era apareció un poderoso ejército teotihuacano por el oeste. Y créanme, no venía a invitarnos a un juego de pelota (que el fútbol también lo inventamos nosotros). Lo lideraba un hijo de su madre con nombrecito de pijo, lugarteniente del rey teotihuacano: siyah k’ak, que en maya significa, nace el fuego. Y sí que nació el fuego y se lió la de san quintín, y a gran garra - que terminó siendo uñita de gatito- le ensartaron una puta lanza de dos metros en las tripas ese mismo día.
Aquel 14 de enero ascendió al trono de Tikal el hijo del rey del valle de méxico, entonces aún un pre-adolescente que lo único que sabía hasta el momento era el nombre de los 150 pokemones.
P.d.
Créditos de este capítulo a elenita, que habla mucho de porros, y al atleti de madrid de libra8.
Teníamos pues a nuestros mayas viviendo una vida de puta madre, ya todos guapetones e intelectuales pop con sus ciudades y sus chalets y su clase política hija de puta - hay cosas que no cambian- y el futuro se presentaba próspero y prometedor. Esto al menos para sus castas superiores, pero evidentemente la peña había mejorado sus condiciones desde invenciones como el cultivo en terrazas y los acueductos públicos. Pasados ya los días preclásicos de Kaminaljuyu y de El Mirador, una nueva urbe empezaba a convertirse en el nueva york de las tierras bajas: Tikal.
Los mayas se convencieron de sus posibilidades y de su raza divina y de su rol literario, científico y religioso, y de todo lo que le saliera de los huevos tras un par de chupitos. Y a diferencia de otras religiones que ordenaban (y ordenan) follar a lo tonto a la parienta del vecino o comer lodo en las mañanas, la de los amiguitos les mandaba a desembrollar los aquelarres cósmicos mediante la astronomía y la investigación metodológica. Ala, pues.
Todo muy bonito, coño, pero esta utopía galáctica estaba lejos de serlo. Así como súbitamente todo se va a tomar por saco la mañana en que cristiano ha tenido una mala noche, toma su deportivo, conduce y espeta ante las cámaras «estoy triste»: cuando la mara se despertaba de malas pulgas o la estrella x del cuadrante «que me salga de los cojones» sugería que era el tiempo propicio para quemar el pueblo de al lado, lanzas, dardos, flechas y mazos se aprestaban alegremente para mayor disfrute de la ciudad-estado y su moral cósmica a lo octavio augusto.
En esas estábamos al alba del clásico. Un clásico que trascendería la rivalidad madrid-barcelona, pues el feudo entre Tikal y Calakmul se convertiría en un conflicto eterno y sin tregua al más puro estilo kill bill. Bueno, sin embargo, al principio más bien era una liga más equilibrada, con los tocacojones de Caracol, Uaxactun y Naranjo provocándole mogollón de disgustos a la peña, al ver como durante alguna temporada en que la moral a lo octavio augusto caía a moral nivel josé mourinho, el que levantaba la copa era el atleti del cholo simeone, que con un par daba caña a los dos más chulos.
Y así entramos a un punto de no retorno, ciertamente definitorio de lo que sería el alma hija de la gran puta de la región para siempre: nos esmerábamos tanto en acabarnos entre nosotros mismos, que la vista se nos hacía estrecha y corta para darnos cuenta que se nos acercaba un hijo de su madre a hacer de las suyas con nuestras putillas y palacios de toda la vida de dios. Y éste era un mismísimo hijo de su madre, la gran zorra del momento.
Lejos, lejos de las tierras bajas centroamericanas donde se desarrolla nuestra historia, había nacido una ciudad harto poderosa, súper poblada y con la misma mala leche que la de sus descendientes. Se llamaba Teotihuacán. Ubicada al norte del valle de méxico y adoradora de una diosa zorra como solo ella y sanguinaria como la que más, las huestes teotihuacanas fueron extendiendo cada vez más lejos su cultura y jurisdicción, a base de machetazo limpio. Hola cómo está usted. Zas. Machetazo. Zas. Machetazo. Zas. Por si aún se movía. ¿Desea usted unirse a Teotihuacán?
Vamos, que a los que se quejan del bush habría que mandarles una semanita con los amigos teotihuacanos. Y todavía hay algún fumado que se atreve a hablar de las civilizaciones mexicanas y de amor y paz y socialismo. Con dos cojones.
Más o menos así debió de haber estado gran garra jaguar, catorceavo rey de Tikal por derecho divino y listillo, fumándose un porro y hablando de amor y paz y socialismo cuando el 14 de enero de 378 de nuestra era apareció un poderoso ejército teotihuacano por el oeste. Y créanme, no venía a invitarnos a un juego de pelota (que el fútbol también lo inventamos nosotros). Lo lideraba un hijo de su madre con nombrecito de pijo, lugarteniente del rey teotihuacano: siyah k’ak, que en maya significa, nace el fuego. Y sí que nació el fuego y se lió la de san quintín, y a gran garra - que terminó siendo uñita de gatito- le ensartaron una puta lanza de dos metros en las tripas ese mismo día.
Aquel 14 de enero ascendió al trono de Tikal el hijo del rey del valle de méxico, entonces aún un pre-adolescente que lo único que sabía hasta el momento era el nombre de los 150 pokemones.
P.d.
Créditos de este capítulo a elenita, que habla mucho de porros, y al atleti de madrid de libra8.
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