Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Simplemente buscaba una salida,
una luz al final de un trayecto
en la oscuridad de mis días,
los cristales de las calles
reflejaban mi vacío,
solo el amor que en mí no dormía
me ayudaba a seguir
respirando esperanza.
La primera palabra que te escuché
fue “quédate” ,
tus ojos eran del color de una bienvenida,
tu sonrisa una ventana abierta
de par en par,
en un minuto soñé varios años
de caricias y noches con piel,
te cogí de la mano y te llevé a un café
que se llamaba “Malabares”,
dos tés de canela
y un poema en una servilleta
me acercaron a tu boca,
te besé sin la prudencia
de la primera vez,
tu mirada me dijo
que no sería el último beso,
aquella tarde recuperé las mañanas
que perdí durante muchas noches sin dormir,
salimos abrazados del “Malabares”,
la ciudad era nuestra
y la lluvia comenzó a seguirnos
mientras caminábamos hacia nosotros.
una luz al final de un trayecto
en la oscuridad de mis días,
los cristales de las calles
reflejaban mi vacío,
solo el amor que en mí no dormía
me ayudaba a seguir
respirando esperanza.
La primera palabra que te escuché
fue “quédate” ,
tus ojos eran del color de una bienvenida,
tu sonrisa una ventana abierta
de par en par,
en un minuto soñé varios años
de caricias y noches con piel,
te cogí de la mano y te llevé a un café
que se llamaba “Malabares”,
dos tés de canela
y un poema en una servilleta
me acercaron a tu boca,
te besé sin la prudencia
de la primera vez,
tu mirada me dijo
que no sería el último beso,
aquella tarde recuperé las mañanas
que perdí durante muchas noches sin dormir,
salimos abrazados del “Malabares”,
la ciudad era nuestra
y la lluvia comenzó a seguirnos
mientras caminábamos hacia nosotros.