Ave de paso.

Ad Libitum

Poeta recién llegado
Vas desapareciendo de mis esperanzas
así, como a la piel morena
la destiñe el invierno:
difuminándote tan lentamente
que ni mi dolor acierta
del todo
a darse cuenta.

Igual que tu sonrisa
se fue difuminando con mis dudas
en esa primera noche de copas
en la que tú,
por fin,
te atreviste.
Y en la que yo,
por fin,
me atreví a permitir
que te atrevieras.

Me dijiste una vez
que mis brazos olían
a estar volviendo a casa.

Yo asentí
mientras apretaba tu cuerpo desnudo
contra estas mismas piernas
que salieron corriendo de una casa
buscando hogar en las cajas de cartón
de las calles de un ciudad desierta.

No te lo dije entonces,
pero para mí
volver a casa
siempre fue sinónimo
de volver al miedo.

Tú para mí oliste siempre a lo que fuiste.

Unos brazos acunando mi miedo
en una caravana pasajera
a la que las paredes ya
se le empezaban a despegar
por la humedad.

Y eso que eras
fue,
simplemente,
perfecto.

Hoy tú miras a ese mismo papel del techo
desprendiéndose mientras ella
te busca los orgasmos
en el mismo colchón.

Y te das cuenta, a pesar de las promesas,
de que el hogar es un ave de paso
y que a tu pico de jilguero perdido
le quedan muchos nidos
por construir sin mí.

Yo me voy extinguiendo en tu recuerdo
e intento que mis ganas
se vayan apagando
con el mismo compás.

Al final es lo mismo,
yo sé que tu recuerdo
me espera en una isla
a 12 000 km
del bosque que hoy me baña.

Tú eres feliz con ella,
yo soy feliz en mí.

No hay nada nuevo en este frío de ahora.

Esta despedida que me bordan tus sueños
en esta noche de cristales rotos
lleva ya meses sonando entre mis vértebras.

He soñado tu huida tantas veces
que cuando te vayas por siempre por primera vez
tus pies al voltearse ya serán un recuerdo.

Y es así que veré tus piernas irse caminando despacio
con la tranquilidad de la anciana que,
a sus 90 años,
ve en el cristal de sus parpados cerrados
los pies al alejarse
de ese primer amor
que está a setenta décadas
de olvido
de distancia.
 
Vas desapareciendo de mis esperanzas
así, como a la piel morena
la destiñe el invierno:
difuminándote tan lentamente
que ni mi dolor acierta
del todo
a darse cuenta.

Igual que tu sonrisa
se fue difuminando con mis dudas
en esa primera noche de copas
en la que tú,
por fin,
te atreviste.
Y en la que yo,
por fin,
me atreví a permitir
que te atrevieras.

Me dijiste una vez
que mis brazos olían
a estar volviendo a casa.

Yo asentí
mientras apretaba tu cuerpo desnudo
contra estas mismas piernas
que salieron corriendo de una casa
buscando hogar en las cajas de cartón
de las calles de un ciudad desierta.

No te lo dije entonces,
pero para mí
volver a casa
siempre fue sinónimo
de volver al miedo.

Tú para mí oliste siempre a lo que fuiste.

Unos brazos acunando mi miedo
en una caravana pasajera
a la que las paredes ya
se le empezaban a despegar
por la humedad.

Y eso que eras
fue,
simplemente,
perfecto.

Hoy tú miras a ese mismo papel del techo
desprendiéndose mientras ella
te busca los orgasmos
en el mismo colchón.

Y te das cuenta, a pesar de las promesas,
de que el hogar es un ave de paso
y que a tu pico de jilguero perdido
le quedan muchos nidos
por construir sin mí.

Yo me voy extinguiendo en tu recuerdo
e intento que mis ganas
se vayan apagando
con el mismo compás.

Al final es lo mismo,
yo sé que tu recuerdo
me espera en una isla
a 12 000 km
del bosque que hoy me baña.

Tú eres feliz con ella,
yo soy feliz en mí.

No hay nada nuevo en este frío de ahora.

Esta despedida que me bordan tus sueños
en esta noche de cristales rotos
lleva ya meses sonando entre mis vértebras.

He soñado tu huida tantas veces
que cuando te vayas por siempre por primera vez
tus pies al voltearse ya serán un recuerdo.

Y es así que veré tus piernas irse caminando despacio
con la tranquilidad de la anciana que,
a sus 90 años,
ve en el cristal de sus parpados cerrados
los pies al alejarse
de ese primer amor
que está a setenta décadas
de olvido
de distancia.
Muy bello poema como todo lo que te leido, una historia de amor muy bien escrita, lo haces muy bien impregnando tus letras de un indudable clima poético que me engancha y emociona, sugerentes imagenes, ingeniosas ideas y certeras metáforas. Me ha gustado mucho Ad Libitum, me sabe muy malo que este poema pase tan desapercibido, se merece mucho más. Un abrazo amigo Ad Libitum, yo pienso que eres él aunque podrías ser ella, da igual, escribes con mucho sentimiento y a mi me encantas. Paco.
 

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