Nada importa si cuento o realidad,
si somos ojos y voz prisioneros
en la porfía búsqueda de la verdad,
¿a qué tanto afán?
Si la noche iluminan las estrellas
y la luna friega el mar,
si la primera de las leyendas
ya destila realidad
buscando el zénit en diáfano caminar.
Si del mismo tronco nace la voz
del día y de la noche secular,
Los confines de la vida y de la muerte
desde el albor hasta la sombra universal.
¿A qué tanto afán?
La eternidad es el olvido
y la vida un recuerdo tenaz,
un abismo vago y oscuro,
dos ojos llenos de vacuidad.
Si doblegamos la razón
y el tiempo en adusto meditar
¿A qué tanto afán?
Las horas nos acarician los cabellos
y surcos en inevitable cincelar,
goteo continuo del torrente,
hojas secas del ocaso a derivar,
y entre conturbado murmurar del agua
morimos aprendiendo a amar.
si somos ojos y voz prisioneros
en la porfía búsqueda de la verdad,
¿a qué tanto afán?
Si la noche iluminan las estrellas
y la luna friega el mar,
si la primera de las leyendas
ya destila realidad
buscando el zénit en diáfano caminar.
Si del mismo tronco nace la voz
del día y de la noche secular,
Los confines de la vida y de la muerte
desde el albor hasta la sombra universal.
¿A qué tanto afán?
La eternidad es el olvido
y la vida un recuerdo tenaz,
un abismo vago y oscuro,
dos ojos llenos de vacuidad.
Si doblegamos la razón
y el tiempo en adusto meditar
¿A qué tanto afán?
Las horas nos acarician los cabellos
y surcos en inevitable cincelar,
goteo continuo del torrente,
hojas secas del ocaso a derivar,
y entre conturbado murmurar del agua
morimos aprendiendo a amar.