Orlando Ramos
Un verso, una vida.
Ella es un haz de luz, es la tarde que se esmera en alumbrar a los que cubre,
es un sol que si eclipsado o fulgurante al medio día nunca deja de emanar sus energías.
Ella es la culpable de que Dios pusiera un hálito de vida adentro suyo,
ella y la sudorosa frente que se arruga con el grito de dolor cuando su infante salia sin permiso.
Ella una flor de loto en el desierto, un sin fin de prominentes dichos,
y su mano que acaricia todavía, ella una esfinge de princesa sin coronas, enarbola mi esperanza y me ama.
Ella, la más linda de las rosas, su sonrisa más hermosa que las luces de neón,
ella la que llora en lo secreto la que pide siempre al cielo por los suyos antes que por ella misma.
es un sol que si eclipsado o fulgurante al medio día nunca deja de emanar sus energías.
Ella es la culpable de que Dios pusiera un hálito de vida adentro suyo,
ella y la sudorosa frente que se arruga con el grito de dolor cuando su infante salia sin permiso.
Ella una flor de loto en el desierto, un sin fin de prominentes dichos,
y su mano que acaricia todavía, ella una esfinge de princesa sin coronas, enarbola mi esperanza y me ama.
Ella, la más linda de las rosas, su sonrisa más hermosa que las luces de neón,
ella la que llora en lo secreto la que pide siempre al cielo por los suyos antes que por ella misma.
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