La soledad es el amante en el proscenio de los sueños
buscando atar maromas en lejanos puertos,
subido a una balandra de blancas velas
que pertenecen a la eternidad del viento.
Aprendiz que ya no aprende más que del pasado,
y ve que ya nunca sabrá nada.
Entonces el universo se llena del silencio
que imprimen nuestros actos
en el diáfano caminar de los ancestros.
Alzas la vista y presientes que estás solo
en las miradas perdidas del dolor ajeno
y te invade el hastío y el miedo
de no saber amar a los dos hombres:
A los que tienden puentes
y a los que vuelan acueductos
cargados de lluvias impotentes.
A los hombres que abren horizontes
y a los que almacenan cadáveres de ausentes,
a los libertinos y los libertarios,
a los que someten y agreden bañados
en negro alquitrán como sudario.
A los que matan y huelen la muerte
y se nutren de almas inocentes.
A los hombres que escuchan el mar en caracolas
y disuelven la viga del ojo en agua de lluvia,
para que otros rompan los tímpanos de rabia,
mordiendo el anzuelo del poder y de la gloria.
Hombres que con su mirada lasciva y sucia
enturbian de negro duelo a la mujer hermosa:
Si la mujer es bella no lo entienden:
¡Es para que siembre de vida el horizonte!.
Si el cielo es azul no lo comprenden:
¡Es para que estalle el amor incandescente!
El apocalipsis está cerca , a tirar de piedra,
los que escuchan ya oyen órdenes divinas ;
los que ven presienten mandamientos celestes:
¡Que cargue el poeta con la cruz a los dos hombres!
buscando atar maromas en lejanos puertos,
subido a una balandra de blancas velas
que pertenecen a la eternidad del viento.
Aprendiz que ya no aprende más que del pasado,
y ve que ya nunca sabrá nada.
Entonces el universo se llena del silencio
que imprimen nuestros actos
en el diáfano caminar de los ancestros.
Alzas la vista y presientes que estás solo
en las miradas perdidas del dolor ajeno
y te invade el hastío y el miedo
de no saber amar a los dos hombres:
A los que tienden puentes
y a los que vuelan acueductos
cargados de lluvias impotentes.
A los hombres que abren horizontes
y a los que almacenan cadáveres de ausentes,
a los libertinos y los libertarios,
a los que someten y agreden bañados
en negro alquitrán como sudario.
A los que matan y huelen la muerte
y se nutren de almas inocentes.
A los hombres que escuchan el mar en caracolas
y disuelven la viga del ojo en agua de lluvia,
para que otros rompan los tímpanos de rabia,
mordiendo el anzuelo del poder y de la gloria.
Hombres que con su mirada lasciva y sucia
enturbian de negro duelo a la mujer hermosa:
Si la mujer es bella no lo entienden:
¡Es para que siembre de vida el horizonte!.
Si el cielo es azul no lo comprenden:
¡Es para que estalle el amor incandescente!
El apocalipsis está cerca , a tirar de piedra,
los que escuchan ya oyen órdenes divinas ;
los que ven presienten mandamientos celestes:
¡Que cargue el poeta con la cruz a los dos hombres!
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