Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Quisiera escribir un poema
que hable de las palabras con rostro
de estas calles por las que me pierdo
buscándote en una mirada
de esas que duran un relámpago.
Y es que los cristales no respiran
si no escuchan los sonidos
del eco que nace
de las hojas de los árboles
que siempre ríen en tus manos,
también es bien cierto
que los ladrillos rojos
nunca lloran a pesar
de que fabrican nostalgias
que recubren las paredes centenarias
de nuestra ciudad sin océano.
Las estatuas sin sombrero
respiran lluvia y gorriones
aventureros que construyen nidos
en las barbas de los grandes
personajes del pasado.
Tú estás en todos lados,
en aquella esquina
en la que te besé sin miedo,
en la orilla del río
tantas veces compañero,
en la puerta de la catedral
donde tantas veces te he esperado,
en el banco amarillo
testigo de nuestros abrazos...
recorro estas calles
escuchando las voces
de su alma de cemento
y me encuentro contigo
a cada paso,
en cada rincón
que recorrimos, recorremos
y deseo que recorramos juntos.
que hable de las palabras con rostro
de estas calles por las que me pierdo
buscándote en una mirada
de esas que duran un relámpago.
Y es que los cristales no respiran
si no escuchan los sonidos
del eco que nace
de las hojas de los árboles
que siempre ríen en tus manos,
también es bien cierto
que los ladrillos rojos
nunca lloran a pesar
de que fabrican nostalgias
que recubren las paredes centenarias
de nuestra ciudad sin océano.
Las estatuas sin sombrero
respiran lluvia y gorriones
aventureros que construyen nidos
en las barbas de los grandes
personajes del pasado.
Tú estás en todos lados,
en aquella esquina
en la que te besé sin miedo,
en la orilla del río
tantas veces compañero,
en la puerta de la catedral
donde tantas veces te he esperado,
en el banco amarillo
testigo de nuestros abrazos...
recorro estas calles
escuchando las voces
de su alma de cemento
y me encuentro contigo
a cada paso,
en cada rincón
que recorrimos, recorremos
y deseo que recorramos juntos.