orees19
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo primero que hizo kiqab fue organizar un concilio nocturno -que mejor que la noche para planear una venganza, lo sabrá el parlamento de brasil y la zanganita de la dilma- donde su reunieron todos los guerreros de cumarcaj junto con sus aliados más fieles, los cakchiqueles, fieros y peligrosos soldados allí donde los hubiera. Kiqab pronunció entonces un discurso guardioliano ganador con videos de gladiator y todo, en el que juró solemnemente no pegar ojo mientras el hijoputa señor de koja -que no de coja- aún tuviera sangre corriéndole en las venas. Y como bien sabemos de qué va la cosa a mediados del siglo quince tanto en américa como en asia como en europa, esto de los juramentos tenían un poquito más de valor que la moneda venezolana, o que las líneas rojas de obama en el siglo veintiuno.
Kiqab no cometió los errores del gilipollas de su padre -se nota que era más moderado con eso de los cigarrillos mágicos- y preparó la expedición a conciencia. La cosa les salió bien, y en una operación especial a lo servicios de inteligencia israelíes de la mossad (cabréense por favor, amigos antisemitas), se internaron en koja, mataron al hijoputa tekum sikam, capturaron a su hijo, apresaron a sus oficiales y kiqab entró triunfante al palacio de koja, donde pudo recuperar los cadáveres de su padre y de su hermana, que seguramente ya necesitaban un poco de botox los pobrecitos, que daban penita. Enternecedora historia con final feliz pues, si obviamos claro al hijo del señor de koja, que ya se imaginarán que rezaba con todas sus fuerzas porque mejor se lo llevaran a Guantánamo.
Acabo de decir final feliz, perdonen, pero esto no es el final ni la cosa fue feliz. Kiqab se envalentonó - tenía unos huevos del tamaño de los de bush- y lanzó sus operaciones causa justa y libertad iraquí, que lo llevaron a conquistar la mayor parte de guatemala y el soconusco de la actualidad. Quedan para la historia las instrucciones a sus soldados de viva boca de kiqab en el título koyoy: «vosotros, nuestros valientes guardianes, id y pelead con los pueblos y caseríos enemigos; id, tomadles de los sobacos y sacrificadles… id, hermanos mayores nuestros, no lloréis, no os entristezcáis… id y pisoteadlos, sed guerreros valientes y guardas vigilantes». Palabras conmovedoras para la posteridad. Decisivos en todas estas guerras de conquista fueron, tanto como en la toma de koja, los poderosos y honorables guerreros cakchiqueles, que se lanzaban con arrojo al frente de las líneas para entrar primero en la batalla. Tan decisivos eran, que ya saben cómo va este mundo, que alguno se puso celoso del poder y la gloria alcanzada por estos guerreros.
Ese alguien o más bien, esos, eran dos hijos de kiqab, tat yak y ajitza -sendos retoños del rey con princesas extranjeras- que creían que su padre era un mojón por depositar su confianza en esos extranjeros (!?). Quiché uber alles, decían, como algún austríaco. Y en 1470, durante el 13o mes -se cagan los que digan que solo hay doce- aprovechándose de una gran celebración ritual en cumarcaj, los chicos dan contundente golpe de estado a su padre, que queda hecho una puta mierda de rey decorativo durante los últimos días de su vida: dejando a los cakchiqueles desconcertados y perplejos preguntándose qué cojones era todo aquello, y qué coño se suponía que harían ahora.
En el capítulo siguiente: a colón se lo follan en la isla de los famosos, que por ello pasó en adelante a llamarse «la española».
Kiqab no cometió los errores del gilipollas de su padre -se nota que era más moderado con eso de los cigarrillos mágicos- y preparó la expedición a conciencia. La cosa les salió bien, y en una operación especial a lo servicios de inteligencia israelíes de la mossad (cabréense por favor, amigos antisemitas), se internaron en koja, mataron al hijoputa tekum sikam, capturaron a su hijo, apresaron a sus oficiales y kiqab entró triunfante al palacio de koja, donde pudo recuperar los cadáveres de su padre y de su hermana, que seguramente ya necesitaban un poco de botox los pobrecitos, que daban penita. Enternecedora historia con final feliz pues, si obviamos claro al hijo del señor de koja, que ya se imaginarán que rezaba con todas sus fuerzas porque mejor se lo llevaran a Guantánamo.
Acabo de decir final feliz, perdonen, pero esto no es el final ni la cosa fue feliz. Kiqab se envalentonó - tenía unos huevos del tamaño de los de bush- y lanzó sus operaciones causa justa y libertad iraquí, que lo llevaron a conquistar la mayor parte de guatemala y el soconusco de la actualidad. Quedan para la historia las instrucciones a sus soldados de viva boca de kiqab en el título koyoy: «vosotros, nuestros valientes guardianes, id y pelead con los pueblos y caseríos enemigos; id, tomadles de los sobacos y sacrificadles… id, hermanos mayores nuestros, no lloréis, no os entristezcáis… id y pisoteadlos, sed guerreros valientes y guardas vigilantes». Palabras conmovedoras para la posteridad. Decisivos en todas estas guerras de conquista fueron, tanto como en la toma de koja, los poderosos y honorables guerreros cakchiqueles, que se lanzaban con arrojo al frente de las líneas para entrar primero en la batalla. Tan decisivos eran, que ya saben cómo va este mundo, que alguno se puso celoso del poder y la gloria alcanzada por estos guerreros.
Ese alguien o más bien, esos, eran dos hijos de kiqab, tat yak y ajitza -sendos retoños del rey con princesas extranjeras- que creían que su padre era un mojón por depositar su confianza en esos extranjeros (!?). Quiché uber alles, decían, como algún austríaco. Y en 1470, durante el 13o mes -se cagan los que digan que solo hay doce- aprovechándose de una gran celebración ritual en cumarcaj, los chicos dan contundente golpe de estado a su padre, que queda hecho una puta mierda de rey decorativo durante los últimos días de su vida: dejando a los cakchiqueles desconcertados y perplejos preguntándose qué cojones era todo aquello, y qué coño se suponía que harían ahora.
En el capítulo siguiente: a colón se lo follan en la isla de los famosos, que por ello pasó en adelante a llamarse «la española».
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