Antes de que se te duerma la cabeza,
mientras la doble vertiente del cansancio
baña tus laderas corporales, reza
con tu silencio humano: no sea rancio
el intervalo grave —bastón pausado—
del final crepúsculo de la vigilia:
infeliz el que sea zarandeado
—ya tendido— por fabulosa familia.
Subversivos oleajes en un grupo,
o en otro (marea de turbios recuerdos).
Hay tropeles de hormiga que nadie supo
bajo la secreta nuca de los cuerdos.
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