Abrahám Emilio
Emilio.
En las últimas calorías en pobre leña
se desviste los pétalos de diosa bendita,
son grillos encantados que llaman a Afrodita
entre las copas de árboles de mi pequeña.
Cual bostezo flamea ese tulipán; risueña
da un brillo al desdén dorado, pero eso le quita
la deidad de su sombra, cual trigueña mezquita
del Eliseo; del liso orbe es su eterna dueña.
La diosa se duerme en plata y cielo azulejo;
montando en tordillo, va soñando a la aventura
y sin querer en cada estrella está su reflejo.
Es mi diosa, mi musa sin principio ni fin;
la deidad humana, su cardo y flor no sutura
en cada trébol falso de su beso carmín.
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Anthony Acosta Pérez (Antorcha)
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