Vivir en nosotros

Ricardo Llamosas

Poeta recién llegado
Me ha llevado tiempo entender el silencio de tus ecos
apenas palabra de garganta entrañable aireada,
cosa tuya Raquel, en mis manos fundiéndose.

O el donaire exquisito de tus manos catando vida,
por ese quehacer alado que posas en mi rostro
cuando creo morir en arrollador júbilo.

Y me detuve en tus hebras llegándome en sueños,
intuyendo la insoportable ausencia,
aquella de ti, mientras aún eramos forasteros.

!Oh, niña Raquel! he bebido tu nombre en los siglos
por esas cumbres del alma retozando juntas,
experimentando al unísono naciéramos.

!Diosa! exclamo aún aturdido de tus besos,
amor mío, susurro quedito prendiéndome la mirada
que tu azuzas con embriagadora sonrisa cómplice,
prisioneros ambos de secretos imborrables.

Un suspiro de hálito imperceptible llevándome el nombre
de manjar para mis oídos entregados,
así te llego cuando me usas en llamada tierna,
casi muriendome por dilapidar corazón.

Y que rabie el destino en su mercadería insólita,
si bajo los umbrales de la eternidad viajamos,
juntos Raquel, ajenos a la grosería del tiempo.
Ajenos al futuro exterminador usándose
en nuestra urna de suspiros protegiéndonos.

O las naderías de época enguilgando envidiosa
cuando se desata el silencio entre ambos,
regalándonos su paciencia infinita arrulladora.

Siempre, amor, ambos genesis manejando eternidad,
esa que brota de nuestros remansos colosales,
cuya voracidad aún nos gobierna exquisitos.

Raquel, Raquel...permíteme tú, mujer toda
halle en estos versos horizontes de cielo,
si aquí en la tierra he gastado todo el poema
y no puedo arrodillar mas el verbo amar
para que llueva sobre tus labios adorados.
 
Me ha llevado tiempo entender el silencio de tus ecos
apenas palabra de garganta entrañable aireada,
cosa tuya Raquel, en mis manos fundiéndose.

O el donaire exquisito de tus manos catando vida,
por ese quehacer alado que posas en mi rostro
cuando creo morir en arrollador júbilo.

Y me detuve en tus hebras llegándome en sueños,
intuyendo la insoportable ausencia,
aquella de ti, mientras aún eramos forasteros.

!Oh, niña Raquel! he bebido tu nombre en los siglos
por esas cumbres del alma retozando juntas,
experimentando al unísono naciéramos.

!Diosa! exclamo aún aturdido de tus besos,
amor mío, susurro quedito prendiéndome la mirada
que tu azuzas con embriagadora sonrisa cómplice,
prisioneros ambos de secretos imborrables.

Un suspiro de hálito imperceptible llevándome el nombre
de manjar para mis oídos entregados,
así te llego cuando me usas en llamada tierna,
casi muriendome por dilapidar corazón.

Y que rabie el destino en su mercadería insólita,
si bajo los umbrales de la eternidad viajamos,
juntos Raquel, ajenos a la grosería del tiempo.
Ajenos al futuro exterminador usándose
en nuestra urna de suspiros protegiéndonos.

O las naderías de época enguilgando envidiosa
cuando se desata el silencio entre ambos,
regalándonos su paciencia infinita arrulladora.

Siempre, amor, ambos genesis manejando eternidad,
esa que brota de nuestros remansos colosales,
cuya voracidad aún nos gobierna exquisitos.

Raquel, Raquel...permíteme tú, mujer toda
halle en estos versos horizontes de cielo,
si aquí en la tierra he gastado todo el poema
y no puedo arrodillar mas el verbo amar
para que llueva sobre tus labios adorados.
Hermosos tus versos. Profundos, me llenaron de emocion.
 
Me ha llevado tiempo entender el silencio de tus ecos
apenas palabra de garganta entrañable aireada,
cosa tuya Raquel, en mis manos fundiéndose.

O el donaire exquisito de tus manos catando vida,
por ese quehacer alado que posas en mi rostro
cuando creo morir en arrollador júbilo.

Y me detuve en tus hebras llegándome en sueños,
intuyendo la insoportable ausencia,
aquella de ti, mientras aún eramos forasteros.

!Oh, niña Raquel! he bebido tu nombre en los siglos
por esas cumbres del alma retozando juntas,
experimentando al unísono naciéramos.

!Diosa! exclamo aún aturdido de tus besos,
amor mío, susurro quedito prendiéndome la mirada
que tu azuzas con embriagadora sonrisa cómplice,
prisioneros ambos de secretos imborrables.

Un suspiro de hálito imperceptible llevándome el nombre
de manjar para mis oídos entregados,
así te llego cuando me usas en llamada tierna,
casi muriendome por dilapidar corazón.

Y que rabie el destino en su mercadería insólita,
si bajo los umbrales de la eternidad viajamos,
juntos Raquel, ajenos a la grosería del tiempo.
Ajenos al futuro exterminador usándose
en nuestra urna de suspiros protegiéndonos.

O las naderías de época enguilgando envidiosa
cuando se desata el silencio entre ambos,
regalándonos su paciencia infinita arrulladora.

Siempre, amor, ambos genesis manejando eternidad,
esa que brota de nuestros remansos colosales,
cuya voracidad aún nos gobierna exquisitos.

Raquel, Raquel...permíteme tú, mujer toda
halle en estos versos horizontes de cielo,
si aquí en la tierra he gastado todo el poema
y no puedo arrodillar mas el verbo amar
para que llueva sobre tus labios adorados.
Muy bellos y apasionados versos, me han gustado amigo Ricardo. Un abrazo. Paco.
 
Bienvenido , Ricardo, buen inicio en el portal compartiendo sentires en este primer poema lleno de gozo e ilusión con el amor de Raquel.

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Me ha llevado tiempo entender el silencio de tus ecos
apenas palabra de garganta entrañable aireada,
cosa tuya Raquel, en mis manos fundiéndose.

O el donaire exquisito de tus manos catando vida,
por ese quehacer alado que posas en mi rostro
cuando creo morir en arrollador júbilo.

Y me detuve en tus hebras llegándome en sueños,
intuyendo la insoportable ausencia,
aquella de ti, mientras aún eramos forasteros.

!Oh, niña Raquel! he bebido tu nombre en los siglos
por esas cumbres del alma retozando juntas,
experimentando al unísono naciéramos.

!Diosa! exclamo aún aturdido de tus besos,
amor mío, susurro quedito prendiéndome la mirada
que tu azuzas con embriagadora sonrisa cómplice,
prisioneros ambos de secretos imborrables.

Un suspiro de hálito imperceptible llevándome el nombre
de manjar para mis oídos entregados,
así te llego cuando me usas en llamada tierna,
casi muriendome por dilapidar corazón.

Y que rabie el destino en su mercadería insólita,
si bajo los umbrales de la eternidad viajamos,
juntos Raquel, ajenos a la grosería del tiempo.
Ajenos al futuro exterminador usándose
en nuestra urna de suspiros protegiéndonos.

O las naderías de época enguilgando envidiosa
cuando se desata el silencio entre ambos,
regalándonos su paciencia infinita arrulladora.

Siempre, amor, ambos genesis manejando eternidad,
esa que brota de nuestros remansos colosales,
cuya voracidad aún nos gobierna exquisitos.

Raquel, Raquel...permíteme tú, mujer toda
halle en estos versos horizontes de cielo,
si aquí en la tierra he gastado todo el poema
y no puedo arrodillar mas el verbo amar
para que llueva sobre tus labios adorados.
Llamar a Raquel y fundirse en ese drenaje de sensaciones que
humedecen los sentimientos. un poema que se abre entre
manos entregadas de amor. felicidades. luzyabsenta
 
Me ha llevado tiempo entender el silencio de tus ecos
apenas palabra de garganta entrañable aireada,
cosa tuya Raquel, en mis manos fundiéndose.

O el donaire exquisito de tus manos catando vida,
por ese quehacer alado que posas en mi rostro
cuando creo morir en arrollador júbilo.

Y me detuve en tus hebras llegándome en sueños,
intuyendo la insoportable ausencia,
aquella de ti, mientras aún eramos forasteros.

!Oh, niña Raquel! he bebido tu nombre en los siglos
por esas cumbres del alma retozando juntas,
experimentando al unísono naciéramos.

!Diosa! exclamo aún aturdido de tus besos,
amor mío, susurro quedito prendiéndome la mirada
que tu azuzas con embriagadora sonrisa cómplice,
prisioneros ambos de secretos imborrables.

Un suspiro de hálito imperceptible llevándome el nombre
de manjar para mis oídos entregados,
así te llego cuando me usas en llamada tierna,
casi muriendome por dilapidar corazón.

Y que rabie el destino en su mercadería insólita,
si bajo los umbrales de la eternidad viajamos,
juntos Raquel, ajenos a la grosería del tiempo.
Ajenos al futuro exterminador usándose
en nuestra urna de suspiros protegiéndonos.

O las naderías de época enguilgando envidiosa
cuando se desata el silencio entre ambos,
regalándonos su paciencia infinita arrulladora.

Siempre, amor, ambos genesis manejando eternidad,
esa que brota de nuestros remansos colosales,
cuya voracidad aún nos gobierna exquisitos.

Raquel, Raquel...permíteme tú, mujer toda
halle en estos versos horizontes de cielo,
si aquí en la tierra he gastado todo el poema
y no puedo arrodillar mas el verbo amar
para que llueva sobre tus labios adorados.

Llamar a Raquel y fundirse en ese drenaje de sensaciones que
humedecen los sentimientos. un poema que se abre entre
manos entregadas de amor. felicidades. luzyabsenta
 
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