musador
esperando...
Tan lejana y etérea en su hermosura
pálida la sonrisa se esbozaba
que nadie de su carne imaginaba
el temblor palpitante en la dulzura.
La fama singular de su belleza
hasta a la diosa Venus daba envidia
sin calmar sus impulsos de perfidia
saberla confinada en su pureza.
Por aciago mandato femenino
condenada a los brazos del oculto,
amarrada en la roca en que los mares
del corazón que enfrenta su destino
compasan con sus olas el tumulto,
en un sueño derrama sus pesares.
pálida la sonrisa se esbozaba
que nadie de su carne imaginaba
el temblor palpitante en la dulzura.
La fama singular de su belleza
hasta a la diosa Venus daba envidia
sin calmar sus impulsos de perfidia
saberla confinada en su pureza.
Por aciago mandato femenino
condenada a los brazos del oculto,
amarrada en la roca en que los mares
del corazón que enfrenta su destino
compasan con sus olas el tumulto,
en un sueño derrama sus pesares.