jaimenavecilla
Poeta recién llegado
Que hermosos boludos, que hermosos y precarios, que boludos y simples nos ponemos. Cuando nos encontramos anonadados en pleno consciente lúcido para sonreír sin motivos a algún bien entrañado suspiro de ternura. -que dicha continua nos esperaría- esbozaríamos en tonos de voz casi nulos.
Cuando juegan al ajedrez dos almitas, continuamente, lanzan a gritos las piezas de su oponente, luego se dan una caricia levemente cariñosa, juntan los caballos y los alfiles, continúan jugando. Temen por perder nuevamente su partida contra el desamor y las malas nostalgias para luego, arremangarse y lucir las ganas de volver a confiar, de volver a las sonrisas de campo y pradera, de volver nuevamente a mirarse desde afuera.
Cuando juegan al ajedrez dos almitas, continuamente, lanzan a gritos las piezas de su oponente, luego se dan una caricia levemente cariñosa, juntan los caballos y los alfiles, continúan jugando. Temen por perder nuevamente su partida contra el desamor y las malas nostalgias para luego, arremangarse y lucir las ganas de volver a confiar, de volver a las sonrisas de campo y pradera, de volver nuevamente a mirarse desde afuera.
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