Viajero sonámbulo
Poeta recién llegado
Aunque parezcas tan distante como esta luna,
cada noche puedo contemplar tu suave luz,
acariciando todo mi cuerpo.
A la luz de una vela todo siempre se vuelve más sutil,
y la belleza de tu rostro se muestra profunda y cálida.
Aunque parezcas tan extraña como un universo lejano,
en cada una de tus curvas recorro el camino
que lleva a mis sueños y fantasías más profundas.
La tibia negra agua en que me sumerjo
parece más profunda que el más profundo de mis recuerdos,
más negro que el negro manto de tu pelo sobre mí cara.
Aunque parezcas dispersa como el aire,
tu suave brisa excita cada poro de mi piel,
y hace que el deseo golpee en mi pecho, impaciente.
Deliciosa tortura la que siento,
entregado al fuego de tus labios y preso de tus caderas.
Tus manos apretándome contra tus pechos.
Tu mirada clavándose como un aguijón y el dulce morderte los labios,
y el placer saliendo de ellos gimiendo.
Aunque parezca solo amor, lo que siento no tiene límite,
porque no me conformo con querer poseerte.
No se puede disfrutar de un ave en una jaula,
porque sus plumas se deslustran,
y su canto es menos bello.
Así solo puedo disfrutar de tu infinita mente,
de tus deseos y de tus sueños,
cuando vuelan sin dueño.
En mi no hallarás la dureza del hombre serio,
del hombre maduro y sin sueños.
Siempre todo en mí será la inocencia de la primera vez,
la ilusión de aquel momento en que todo puede ser
y la voluntad de ser curioso y abrir mi pecho.
cada noche puedo contemplar tu suave luz,
acariciando todo mi cuerpo.
A la luz de una vela todo siempre se vuelve más sutil,
y la belleza de tu rostro se muestra profunda y cálida.
Aunque parezcas tan extraña como un universo lejano,
en cada una de tus curvas recorro el camino
que lleva a mis sueños y fantasías más profundas.
La tibia negra agua en que me sumerjo
parece más profunda que el más profundo de mis recuerdos,
más negro que el negro manto de tu pelo sobre mí cara.
Aunque parezcas dispersa como el aire,
tu suave brisa excita cada poro de mi piel,
y hace que el deseo golpee en mi pecho, impaciente.
Deliciosa tortura la que siento,
entregado al fuego de tus labios y preso de tus caderas.
Tus manos apretándome contra tus pechos.
Tu mirada clavándose como un aguijón y el dulce morderte los labios,
y el placer saliendo de ellos gimiendo.
Aunque parezca solo amor, lo que siento no tiene límite,
porque no me conformo con querer poseerte.
No se puede disfrutar de un ave en una jaula,
porque sus plumas se deslustran,
y su canto es menos bello.
Así solo puedo disfrutar de tu infinita mente,
de tus deseos y de tus sueños,
cuando vuelan sin dueño.
En mi no hallarás la dureza del hombre serio,
del hombre maduro y sin sueños.
Siempre todo en mí será la inocencia de la primera vez,
la ilusión de aquel momento en que todo puede ser
y la voluntad de ser curioso y abrir mi pecho.