Despierta la mañana
bostezando fulgores
de malva,
una brisa aromada
que peina,
que abraza,
olas de plata que hablan
entre ensordecedores
graznidos
mientras él en su lienzo
celeste, rememora
lo que su corazón
le guarda...
¡Ven y siente la brisa
de mi alma,
mira mi pecho como
suspira
cuando tus ojos hablan.
Ven y toma mi mano
y dime con tus soles
lo que tus labios callan!
Una rosa llega a la orilla,
gotas de oro por las mejillas...
y al sol de la mañana,
un anhelo de cobre
y plata
yace sobre la arena.
Luis