E. Takekami
Poeta recién llegado
- Nunca he sido valiente, pero algunas veces logro que la indiferencia se instale en mi hasta convertirla en una especie de virtud. Hay patologías, sin embargo, que no puedo controlar. Tiene que ver fundamentalmente con el recuerdo, ese espía embustero.
- Necesito urgentemente a una mujer, a un perro, a un pez, a un árbol. Algún organismo bilógico al que pueda ignorar.
- Se fue y aquella inesperada libertad me dejó, no como un pájaro, sino más bien como un pollo que corre sin dirección, tras ser decapitado.
- Creo que si encontrara mi media naranja, comenzaría a buscar otras dos para hacer jugo, o una manzana para preparar una ensalada de frutas. Comerse la mera naranja parece ser la peor elección.
- Se fue y me dejó más triste que pitufo tontín con anorexia.
- Eres lo mejor que me ha pasado. Claro, porque has pasado. Si te hubieras quedado, otra sería la situación.
- ...Y la feminista sudamericana, me decía con orgullo: no creo que el hombre deba mantener a la mujer Y un poco más adelante en su arenga: pero de hecho debe ganar más plata. Yo quiero tener mi propio dinero, pero para comprar mis cositas.
- Todos queríamos a la Maga de Cortazar, y terminamos con la gorda de la esquina.
- La belleza en las mujeres, igual que en las demás cosas, es sólo una señal de su inutilidad.
- Me gustas tal y como eres. Claro, pero dado que nadie permanece invariante en el tiempo para todas las características que lo definen, no queda más que pensar que, casi con seguridad, se trata de una atracción pasajera. Mucho más alentador sería escuchar la frase: no me gusta como eres, y aún más romántico oír la respuesta: a mi tampoco.
- Escúchala si habla. Si grita, considera antes la naturaleza del grito. Puede ser éste el sonido de un animal desesperado en busca de auxilio; o la propaganda fanática de quién se satisface únicamente por la razón. En el primer caso, acude en su ayuda. En el segundo, amigo mío, huye.
- Fucky-Fucky Sucky-Sucky BUM-BUM. Ten-Dola, me decía una tailandesa en Bangkok. Y antes de que yo, sorprendido por su desparpajo y mal aspecto, pudiera alejarme, el canadiense ya me interrumpía: hey, how much for the both of us?
- Fracasé con las mujeres. En todo. Sobre todo en eso de conservarlas. Una manzana mordida no es apatecible apenas después de unas horas de haber sido mordida.
- Tu nombre se escribe usando una configuración específica de letras que me persigue, todos los días, como un enjambre de abejas ofendidas.
- Y yo le decía - algo preocupado - a mi psiquiatra, “Soy heterosexual, pero puedo decir con toda seguridad que las mujeres nunca me han interesado”. “No se preocupe”, me respondió. “Eso es lo más heterosexual que hay”.
- ¿Quieres escribir como antes? Aléjate de la mujer que te acompaña, que sólo cuando la hayas perdido tendrás la necesidad de tocarla con palabras.
- A veces me controlo, y no pronuncio tu nombre. El problema conmigo son los ojos, que me traicionan e invariablemente cuentan eso que quiero callar.
- En mayo eras las mujer más linda del mundo. En junio eras virtuosa y juvenil, más que nunca. Pero en julio, oh triste julio, eras simplemente tú.
- El primer silencio es el más largo, no en su módulo temporal sino, sobre todo, porque la mentira también nos es novedosa.
- Se fue y me dejó más triste que Cirilo (el de Carrusel) con la swine flu.
- Tantos años y sigo pensando en ti. Y en la otra, y en la otra, y... etc. Y a veces las confundo.
- Bajo cierta geometría, sólo las almas paralelas pueden acompañarse de forma prolongada. Los cambios en una son escoltados por cambios en la otra y mientras tal sincronía continué permanecerán juntas aunque nunca puedan llegar a tocarse. Las almas que carecen de esta propiedad están condenadas a una cercanía pasajera, y al distanciamiento perpetuo.
- Cometí muchos errores. El primero fue encontrarte. El segundo, y el más grave, fue perderme.
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