Ponzoñas en la cama (Serie Metabestias-II))

César Guevar

Poeta que considera el portal su segunda casa
Metabestialmente nos-te-me condenan al hambre,
a la rabia que escala uñas dentadas por las paredes de la verguenza,
a la enfermedad verduzca
y el cerebro malo.


Metabestias sorbiendo vida
a través de la pajilla.
Debilitando al otro,
fortaleciendo al ego.
Metabestias llamando "crisis humanitaria"
al hambre, el terror y el bestialismo
que decretan.

Inteli¿gentes? como la maldad deliberada
ética de la pelética
apolegética pelempempética de la patética,
pat-ética pelada, peluda
antiética pelempempuda.


Meta-antiética del humano inbien
limpiapecados en la cestita de la colecta
(puto cura homero simpson)
y en la ranura indiscreta, las velitas encendidas.


Metabestias.

Ponzoñas en la cama, con la hija y la nieta y la abuela
y la tía y la esposa y la hermana y la novia
y la amante y la madre del obrero cuatro miserias miles males.


Metabestias envenenando el agua
con traje dis-frack, diz-que personas.
Metabestias dientes de muerte
bomba en una mano,
limosna en la otra,
morbosadismo en la otra.


¡Malditxs metabestias!



Junio y ponzoñas en la carne durante la cola. 2016. César Guevara.
 
Metabestialmente nos-te-me condenan al hambre,
a la rabia que escala uñas dentadas por las paredes de la verguenza,
a la enfermedad verduzca
y el cerebro malo.


Metabestias sorbiendo vida
a través de la pajilla.
Debilitando al otro,
fortaleciendo al ego.
Metabestias llamando "crisis humanitaria"
al hambre, el terror y el bestialismo
que decretan.

Inteli¿gentes? como la maldad deliberada
ética de la pelética
apolegética pelempempética de la patética,
pat-ética pelada, peluda
antiética pelempempuda.


Meta-antiética del humano inbien
limpiapecados en la cestita de la colecta
(puto cura homero simpson)
y en la ranura indiscreta, las velitas encendidas.


Metabestias.

Ponzoñas en la cama, con la hija y la nieta y la abuela
y la tía y la esposa y la hermana y la novia
y la amante y la madre del obrero cuatro miserias miles males.


Metabestias envenenando el agua
con traje dis-frack, diz-que personas.
Metabestias dientes de muerte
bomba en una mano,
limosna en la otra,
morbosadismo en la otra.


¡Malditxs metabestias!



Junio y ponzoñas en la carne durante la cola. 2016. César Guevara.

¿meta-bestias? ¡¡armadura dorada, cubrime!!
 
Hace unos días escribía una carta a la actriz que me ha hecho recuperar mi poesía y mi orgullo de amar. En algún momento vino a cuento una historia de Neil Gaiman: el sueño de los mil gatos. No sé si lo habrás leído. De forma muy resumida, habla de una gata de raza que tuvo un romance con un gato vagabundo, pero no estuvo en el ánimo de sus "amos" conservar a la progenie y lanzaron a los gatitos al río en una bolsa. Después de mucho dolor y mucha peregrinación, recibió una visión o revelación del señor de los sueños. Hubo un tiempo en que los gatos gobernaban en el mundo y los humanos venían a ser sus juguetes, pero los humanos se pusieron de acuerdo en solar que el mundo no era así y, con tan solo unos 1000 humanos que lo soñaron, no es que cambiaran la realidad, es que siempre había sido así. Pero, claro, ¿quién convence a 1000 gatos para ponerse de acuerdo?

Hace poco pensé que no son los gatos los incapaces de soñar cómo debería ser la realidad, sino que somos los propios humanos. Peor; hay un grupo que no llamaré humanos (ya los has bautizado tú) que sí han sido capaces de definir una determinada realidad y ahora los demás solo sabemos intentar cambiarla en entornos muy reducidos y sin el suficiente impacto. Me doy cuenta de hasta qué punto esto es terrible cuando pienso en mi padre diciéndome que desde que el mundo es mundo hay cosas que no han cambiado en cuanto a cómo nos comportamos los humanos entre nosotros, en cuanto a que siempre ha habido quien se ha querido aprovechar de los demás, pero no en el buen sentido de una sociedad cooperativa de beneficio mutuo, sino en el sentido del beneficio que solo fluye en un sentido.

Mi mejor amigo siempre dice que nos faltan 5000 años de evolución y sospecho que cuando nos muramos seguirán siendo 5000 años. Lo siento, César, no sonar más alegre. Ha debido de calar tu escrito en el ánimo. Pero al final de la historia hay un gatito que cree y sueña con todas sus fuerzas.

Un abrazo,

Álvaro
 
Hace unos días escribía una carta a la actriz que me ha hecho recuperar mi poesía y mi orgullo de amar. En algún momento vino a cuento una historia de Neil Gaiman: el sueño de los mil gatos. No sé si lo habrás leído. De forma muy resumida, habla de una gata de raza que tuvo un romance con un gato vagabundo, pero no estuvo en el ánimo de sus "amos" conservar a la progenie y lanzaron a los gatitos al río en una bolsa. Después de mucho dolor y mucha peregrinación, recibió una visión o revelación del señor de los sueños. Hubo un tiempo en que los gatos gobernaban en el mundo y los humanos venían a ser sus juguetes, pero los humanos se pusieron de acuerdo en solar que el mundo no era así y, con tan solo unos 1000 humanos que lo soñaron, no es que cambiaran la realidad, es que siempre había sido así. Pero, claro, ¿quién convence a 1000 gatos para ponerse de acuerdo?

Hace poco pensé que no son los gatos los incapaces de soñar cómo debería ser la realidad, sino que somos los propios humanos. Peor; hay un grupo que no llamaré humanos (ya los has bautizado tú) que sí han sido capaces de definir una determinada realidad y ahora los demás solo sabemos intentar cambiarla en entornos muy reducidos y sin el suficiente impacto. Me doy cuenta de hasta qué punto esto es terrible cuando pienso en mi padre diciéndome que desde que el mundo es mundo hay cosas que no han cambiado en cuanto a cómo nos comportamos los humanos entre nosotros, en cuanto a que siempre ha habido quien se ha querido aprovechar de los demás, pero no en el buen sentido de una sociedad cooperativa de beneficio mutuo, sino en el sentido del beneficio que solo fluye en un sentido.

Mi mejor amigo siempre dice que nos faltan 5000 años de evolución y sospecho que cuando nos muramos seguirán siendo 5000 años. Lo siento, César, no sonar más alegre. Ha debido de calar tu escrito en el ánimo. Pero al final de la historia hay un gatito que cree y sueña con todas sus fuerzas.

Un abrazo,

Álvaro

Tengo que leer ese cuento. En primer lugar porque mi romance con la literatura nació por los cuentos (de mi abuela... tuve una que me contaba cuentos, novelas, historias entre ratos de leche en polvo con avena y azúcar, o gajos dulces de caña que libaba escuchándola), y en segundo lugar porque, tanto como los cuentos, me gustaron siempre los gatos.

¿Cinco mil años dices? Sea, pero como el gatito que sueña con todas sus fuerzas, yo andaré siempre tratando de que la cuenta baje a 4999 y medio, 4999, o lo que se pueda, mi compa. Y si queda solo en 5000 ya será un logro... podrían llegar a ser más si nadie hace nada, o sueña nada.

No te preocupes por lo del pesimismo. El poema es acre. Un estado de ánimo del cerebro malo o ganas de decirle al fulano que lo conozco y que no le tengo miedo. tal vez estupidez de uno.

Un abrazo con afecto sincero, mi compa.
 

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