catapiano_18
Poeta recién llegado
En alguna mórbida hora en la mañana.
Cuando los pétalos de las hojas se van cayendo de mis partes.
Cuando en mis labios el agua se seca, el fuego moja y la tierra humedece.
Ahí me pregunto qué es lo que he vivido.
Pareciera que Júpiter y Marte se acercan en contra mía.
Las lágrimas suben cuando quiero que bajen.
Las miradas se acercan cuando mis ojos quieren ser ciegos.
Me pregunto qué he vivido para que hasta mi apellido me lleve la contra.
Me pregunto qué he vivido para permitirle al paso del tiempo un existir descabellado.
Me pregunto por qué el frío me toca tan fuerte, me carcome, me destierra rápido.
Hasta he sentido que sufrir bajo el pupitre de un amor de malas madres se vuelve demasiado ligero.
Mis venas están acostumbradas a los gritos detrás de la vereda, las desilusiones.
Gritos con fragancia de estiércol, con voz de marino sin un amor que dejar en el puerto.
Siento que la contradicción en mi vida se presenta como reina.
La alegría llega como mendiga y yo, simplemente, no logro verla.
Me resulta fácil corresponder al dolor,
Y me resulta extremo disfrutar la alegría.
Me he convertido en un experimento de mis propios deseos.
Me he convertido en cobardía para mi cuerpo.
Me he convertido en la sombra de alguien que vivió pleno en algún momento.
Así que
¿Qué he vivido para no vivir nada?
Cuando los pétalos de las hojas se van cayendo de mis partes.
Cuando en mis labios el agua se seca, el fuego moja y la tierra humedece.
Ahí me pregunto qué es lo que he vivido.
Pareciera que Júpiter y Marte se acercan en contra mía.
Las lágrimas suben cuando quiero que bajen.
Las miradas se acercan cuando mis ojos quieren ser ciegos.
Me pregunto qué he vivido para que hasta mi apellido me lleve la contra.
Me pregunto qué he vivido para permitirle al paso del tiempo un existir descabellado.
Me pregunto por qué el frío me toca tan fuerte, me carcome, me destierra rápido.
Hasta he sentido que sufrir bajo el pupitre de un amor de malas madres se vuelve demasiado ligero.
Mis venas están acostumbradas a los gritos detrás de la vereda, las desilusiones.
Gritos con fragancia de estiércol, con voz de marino sin un amor que dejar en el puerto.
Siento que la contradicción en mi vida se presenta como reina.
La alegría llega como mendiga y yo, simplemente, no logro verla.
Me resulta fácil corresponder al dolor,
Y me resulta extremo disfrutar la alegría.
Me he convertido en un experimento de mis propios deseos.
Me he convertido en cobardía para mi cuerpo.
Me he convertido en la sombra de alguien que vivió pleno en algún momento.
Así que
¿Qué he vivido para no vivir nada?