Gigantes ustedes

Ricardo Llamosas

Poeta recién llegado
GIGANTES USTEDES


¡Gigantes! platicaba en mis mocedades de lector,

aún sin mitigar asombro de mojigato expectante

acabado entonces por mis erráticas síntesis.


¡Los Nerudas esos! exclamé triturando rabia

vengan ellos confundirme de su vena etérea

calando insomnio con sus inoportunos mágicos.


¡Los Machados esos! insistí resignado

venga ese poeta reprender al mundo con su verdad absoluta,

venga el…matarme, por su maravillosa ostentación de versos.


Vinieron ellos a devorar mi ansia,

quizás necesitasen incauto labrador

sembrase de memoria sus praderas de futuro,

por si el hombre apetito de humanidad tuviese.


Luego vino Dios a reprenderme,

quien era yo catar el éxtasis magnifico regalado,

quien era yo para detenerme en vivir

por beber los elixires exudando de poetas divinos.


Los Salinas esos, ja, cuanto les lleva morirse

pendientes los siglos venideros aún

digerir con deleite maravilloso sus hechiceros poemas.


O el García Lorca, aquel príncipe poeta

que por las noches me visita con sus versos,

no vaya la historia endilgarme necedades póstumas

chismorreando sobre esqueleto abandonado

cuando me entra su carne por los poros,

me llena eterno de él, verso a verso.
 
Gran fuerza expresiva en este poema que dedicas a compartir tu admiración por los grandes poetas modernos.

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GIGANTES USTEDES


¡Gigantes! platicaba en mis mocedades de lector,

aún sin mitigar asombro de mojigato expectante

acabado entonces por mis erráticas síntesis.


¡Los Nerudas esos! exclamé triturando rabia

vengan ellos confundirme de su vena etérea

calando insomnio con sus inoportunos mágicos.


¡Los Machados esos! insistí resignado

venga ese poeta reprender al mundo con su verdad absoluta,

venga el…matarme, por su maravillosa ostentación de versos.


Vinieron ellos a devorar mi ansia,

quizás necesitasen incauto labrador

sembrase de memoria sus praderas de futuro,

por si el hombre apetito de humanidad tuviese.


Luego vino Dios a reprenderme,

quien era yo catar el éxtasis magnifico regalado,

quien era yo para detenerme en vivir

por beber los elixires exudando de poetas divinos.


Los Salinas esos, ja, cuanto les lleva morirse

pendientes los siglos venideros aún

digerir con deleite maravilloso sus hechiceros poemas.


O el García Lorca, aquel príncipe poeta

que por las noches me visita con sus versos,

no vaya la historia endilgarme necedades póstumas

chismorreando sobre esqueleto abandonado

cuando me entra su carne por los poros,

me llena eterno de él, verso a verso.


Nos inspiran, nos entusiasman, nos trasladan a sus palabras mientras las hacemos nuestras...
Bello homenaje a los que nos dejan huella.

Saludos

Palmira
 

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