Ana Clavero
Poeta que considera el portal su segunda casa
No me preguntéis si es tradición o creencia, ni yo misma sé la respuesta, sólo puedo decir que, al paso de El Cautivo, El Rocío o El Rico, me hierve la sangre en las venas.
Martes Santo Malagueño,
Día Grande Victoriano,
María Santísima del Rocío,
sale a las calles de Málaga,
envuelta en una explosión de blanco.
Ya asoman los varales
por la esquina de calle Amargura.
¡Con que mimo, la mecen los Hermanos,
agarrándola de la mano de su Hijo
El Nazareno de los Pasos!
Virgen Santa del Rocío,
La Novia Guapa de Málaga,
¡Quién fuera hombre de Trono!
para mecerte sobres mis hombros
y subirte a pulso al Cielo
cómo una paloma blanca.
El barrio de la Victoria grita
¡Guapa, guapa, guapa!
y la emoción se hace lágrima.
Una saeta rompe la tarde,
mientras, despacito, Ella se aleja,
camino de la Tribuna de los Pobres
donde el pueblo llano la espera.
Gracias María Santísima del Rocio
por permitir, también este año,
que sean las manos de mi madre,
quién te ofrende mis claveles blancos.
por permitir, también este año,
que sean las manos de mi madre,
quién te ofrende mis claveles blancos.
Martes Santo Malagueño,
Día Grande Victoriano,
María Santísima del Rocío,
sale a las calles de Málaga,
envuelta en una explosión de blanco.
Ya asoman los varales
por la esquina de calle Amargura.
¡Con que mimo, la mecen los Hermanos,
agarrándola de la mano de su Hijo
El Nazareno de los Pasos!
Virgen Santa del Rocío,
La Novia Guapa de Málaga,
¡Quién fuera hombre de Trono!
para mecerte sobres mis hombros
y subirte a pulso al Cielo
cómo una paloma blanca.
El barrio de la Victoria grita
¡Guapa, guapa, guapa!
y la emoción se hace lágrima.
Una saeta rompe la tarde,
mientras, despacito, Ella se aleja,
camino de la Tribuna de los Pobres
donde el pueblo llano la espera.