Évano
Libre, sin dioses.
No debiste encerrar en mí a tus ojos,
ni liberar con ellos tu luz de alma.
No quisiste morder la amada lengua,
ni comprender al que no tuvo boca,
aunque sabías observar mis labios
si no daban la vida con sus besos.
Eran ayer en ti todos mis besos
y creías que estabas en mis ojos;
nunca escuchaste el niego de mis labios
ni viste acurrucada en mí a mi alma,
en esa oscuridad, donde la boca
fue refugio de sierpe y de mi lengua.
El sentir te posee como lengua
que no habla en emoción, sino con besos,
que es letra de verdad en nuestra boca,
letra escrita con tinta de los ojos
cuando estos se reflejan en el alma
mientras nos leen, con pasión, los labios.
No quise analfabetos a mis labios,
no libré la serpiente de mi lengua,
no vi morir, ante tu sol, el alma.
Si yo te hubiera completado a besos
mientras nos compartíamos los ojos,
hubiera sido nuestra propia boca.
Nunca dejé de ser ajena boca,
la que me repetía que los labios
se han de sellar como se sellan ojos
y se muerde, ante dios, uno la lengua.
¡Ojalá hubiéramos matado a besos
al que afirmaba la maldad del alma!
Debimos aprender que no hay más alma
que aquella que nos habla con su boca
cuando se unen y duelen otros besos,
cuando otros cuerpos son labios y labios.
Lo establecido nos cortó la lengua
porque, simplemente, le dimos ojos.
Afirmar que los ojos son el alma,
es lengua que jamás encuentra boca
y labios desterrados de los besos.
ni liberar con ellos tu luz de alma.
No quisiste morder la amada lengua,
ni comprender al que no tuvo boca,
aunque sabías observar mis labios
si no daban la vida con sus besos.
Eran ayer en ti todos mis besos
y creías que estabas en mis ojos;
nunca escuchaste el niego de mis labios
ni viste acurrucada en mí a mi alma,
en esa oscuridad, donde la boca
fue refugio de sierpe y de mi lengua.
El sentir te posee como lengua
que no habla en emoción, sino con besos,
que es letra de verdad en nuestra boca,
letra escrita con tinta de los ojos
cuando estos se reflejan en el alma
mientras nos leen, con pasión, los labios.
No quise analfabetos a mis labios,
no libré la serpiente de mi lengua,
no vi morir, ante tu sol, el alma.
Si yo te hubiera completado a besos
mientras nos compartíamos los ojos,
hubiera sido nuestra propia boca.
Nunca dejé de ser ajena boca,
la que me repetía que los labios
se han de sellar como se sellan ojos
y se muerde, ante dios, uno la lengua.
¡Ojalá hubiéramos matado a besos
al que afirmaba la maldad del alma!
Debimos aprender que no hay más alma
que aquella que nos habla con su boca
cuando se unen y duelen otros besos,
cuando otros cuerpos son labios y labios.
Lo establecido nos cortó la lengua
porque, simplemente, le dimos ojos.
Afirmar que los ojos son el alma,
es lengua que jamás encuentra boca
y labios desterrados de los besos.
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