Enrique Romero
Poeta recién llegado
Oh!, oscuridad, reclama hoy el nombre
de la sombra enorme que dejó su ausencia.
No ves, no ves que sufro de ser hombre
de día y de noche, anegado de su esencia.
Como un faro en un océano sin orillas,
así se dibujaba la falsa salvación en sus ojos.
Oh!, y hoy naufrago en imágenes amarillas
en ciénaga vacía, y el cuerpo hecho un despojo.
Aún en este albañal de soledad helada,
retumba tu voz que aún es mi alivio
sin haberme dado absolutamente nada.
Aún busco, aún espero, aún anhelo el delirio,
aquél amor frío que para mí fue la espada
que apuñaló hasta mi último respiro.
de la sombra enorme que dejó su ausencia.
No ves, no ves que sufro de ser hombre
de día y de noche, anegado de su esencia.
Como un faro en un océano sin orillas,
así se dibujaba la falsa salvación en sus ojos.
Oh!, y hoy naufrago en imágenes amarillas
en ciénaga vacía, y el cuerpo hecho un despojo.
Aún en este albañal de soledad helada,
retumba tu voz que aún es mi alivio
sin haberme dado absolutamente nada.
Aún busco, aún espero, aún anhelo el delirio,
aquél amor frío que para mí fue la espada
que apuñaló hasta mi último respiro.