Estas cosas pasan en las urbanizaciones grandes de la playa. Muchos vecinos acaban entablando amistad y se sienten
fuertes y protegidos. Si eres una persona discreta y con poca relación en estos lugares puede verse comprometida tu estabilidad como persona. A mí me invadió un sarpullido espantoso del disgusto y los nervios vividos. Pese
a todo creo que hice lo correcto:
''Hace calor, una señora se refresca en la piscina y a su lado un joven salpica sin parar en impe-
tuoso juego a sus amigos.
Yo tomaba el sol y como gran observador lo vi todo, -seria incapaz de escribir una poesía si no fuera por
este caracter mío exageradamente insaciable por saber la verdad de las cosas-, la señora, de malos modales, recriminó al joven no sin cierta
razón. Ya conocemos el ímpetu de la juventud cuando cree que se han excedido los límites de lo justo. Lo
defiende con la energía de quien aún profesa en la equidad y en la luz de la justicia: le contestan proponiéndole que si no quiere compañia que se refresque en la bañera de su casa.
¡Por Diós, qué ha dicho este insensato!
La señora sale de la piscina y crea un daño irreparable. Rápidamente sube a su apartamento a observar desde allí
su fechoria discretamente.
Se ha escudado en el bigotes, el tobías , el cabeçola de baix y otros más: Tres vecinos de gran prestigio en la urbanización, grandes jerifaltes del poder vecinal en actas y reuniones
ante los cuales todos esconden el pecho. En poco tiempo se han sumado numerosos contingentes a tan desafortunado oficio. Se lanzan brutalmente contra el joven a empujones e insultos mientras este desdichado llora y ni siquiera sus padres se atreven a alzar la cabeza. El daño está hecho. A la señora
la veo asomada discretamente desde su balcón con el toldo hechado: lo ha acusado de cosas deshonestas y
tocamientos.
Yo conté todo al detalle de lo ocurrido. No sabemos el alcance de esta maniobra si no llego a intervenir.
Solo sé que días después pusieron los padres del chico el piso a la venta y se marcharon para siempre. Yo tardé varias semanas en librarme de los sarpullidos que me salieron por este disgusto:
Dicen que a quien saca la nariz se la cortan.
Ya no he sabido nada más de estas personas. No sé si por pudor, por vergüenza o por orgullo ni siquiera
vinieron a darme las gracias.
Pero bien cierto es que todos los personajes de esta historia aprendimos de este desafortunado incidente pagando un alto precio. La señora la primera de todos.
Estos personajes y esta historia es inventado. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Saturno.
fuertes y protegidos. Si eres una persona discreta y con poca relación en estos lugares puede verse comprometida tu estabilidad como persona. A mí me invadió un sarpullido espantoso del disgusto y los nervios vividos. Pese
a todo creo que hice lo correcto:
''Hace calor, una señora se refresca en la piscina y a su lado un joven salpica sin parar en impe-
tuoso juego a sus amigos.
Yo tomaba el sol y como gran observador lo vi todo, -seria incapaz de escribir una poesía si no fuera por
este caracter mío exageradamente insaciable por saber la verdad de las cosas-, la señora, de malos modales, recriminó al joven no sin cierta
razón. Ya conocemos el ímpetu de la juventud cuando cree que se han excedido los límites de lo justo. Lo
defiende con la energía de quien aún profesa en la equidad y en la luz de la justicia: le contestan proponiéndole que si no quiere compañia que se refresque en la bañera de su casa.
¡Por Diós, qué ha dicho este insensato!
La señora sale de la piscina y crea un daño irreparable. Rápidamente sube a su apartamento a observar desde allí
su fechoria discretamente.
Se ha escudado en el bigotes, el tobías , el cabeçola de baix y otros más: Tres vecinos de gran prestigio en la urbanización, grandes jerifaltes del poder vecinal en actas y reuniones
ante los cuales todos esconden el pecho. En poco tiempo se han sumado numerosos contingentes a tan desafortunado oficio. Se lanzan brutalmente contra el joven a empujones e insultos mientras este desdichado llora y ni siquiera sus padres se atreven a alzar la cabeza. El daño está hecho. A la señora
la veo asomada discretamente desde su balcón con el toldo hechado: lo ha acusado de cosas deshonestas y
tocamientos.
Yo conté todo al detalle de lo ocurrido. No sabemos el alcance de esta maniobra si no llego a intervenir.
Solo sé que días después pusieron los padres del chico el piso a la venta y se marcharon para siempre. Yo tardé varias semanas en librarme de los sarpullidos que me salieron por este disgusto:
Dicen que a quien saca la nariz se la cortan.
Ya no he sabido nada más de estas personas. No sé si por pudor, por vergüenza o por orgullo ni siquiera
vinieron a darme las gracias.
Pero bien cierto es que todos los personajes de esta historia aprendimos de este desafortunado incidente pagando un alto precio. La señora la primera de todos.
Estos personajes y esta historia es inventado. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Saturno.
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