Querida Poeta: Tus Versos son conmovedores y llenos de una espantosa realidad ecológica. Si algo odio es cortar un árbol, por eso mismo odio el cultivo de la caña que todo arrasa y quema, los azucareros con su descaro en pretender ocultar la depredación y erradicación de los bosques, dejan como cerco algunos árboles que arden como tizones vivientes al quemar los cañaverales en su ambición por cortar más rápido y ahorrarse salarios de la gente que trabaja y con estas quemazones y su necio cultivo, empobrecen prematuramente los suelos y luego son lotificados convirtiendo la naturaleza en lozas de concreto y aniquilando los verdes pulmones. Grande y reflexivo es tu poema mi Dilecta Blanca, digno de admirarse y hacer conciencia. Un beso mi Poeta y mi abrazo perpetuo a ti y a tu sensibilidad suprema. Te adjunto como comentario mi poema "ORO DULCE" que se relaciona con tus Letras.
ORO DULCE.
Se yergue sobre insolente opulencia el Capitalismo,
en descarado despojo amasando insanos caudales,
las tierras, cultivos y ganados del infeliz campesino,
mueren ahora en privados turiscentros o cañaverales.
Mutilando las tierras y sus bosques quemados,
se han corrompido en agonía los diáfanos ríos.
No importan las vacas, frijol ni maíz sembrados,
es comida de pobres la suya llega de Estados Unidos.
¿Para qué los bosques si sólo dan sombra y frescura?,
¿Y en los ríos que importan cangrejos camarones y pescados?,
cosechando el oro blanco de tierra y cañaverales quemados,
habrá suficiente dinero para comprarlos en fina envoltura.
Y se grieta la garganta de la tierra por su provocado infierno,
de su vientre ya no brotan apetecidas aguas que sacian la sed.
El campesino y cultivos perecen en infértiles suelos sin invierno
por la deforestación concedida a pudientes manipulando la ley.
Llevar un tercio de leña al hombro es depredación letal,
el responsable es digno de juicio condena y severo castigo,
arrasarlos con fuego y equipo es aprovechamiento forestal,
basta con ser influyente y de la autoridad un fiel amigo.
Ya ni lavar las pobrezas se puede en las negras aguas del río,
corren en ellas pestilentes insecticidas y contaminantes heces,
ya han muerto entre venenos camarones cangrejos y peces,
y el desequilibrio ecológico hace prolongar el seco estío.
Entre quema y cosecha de estos cultivos tan tercos,
se enlutan los cielos aniquilando aire y pulmones.
Los pocos árboles que servían de sombra en los cercos,
inmolados son convertidos en gigantescos tizones.
Grandes extensiones de suelos infértiles ya sin vocación,
son sepultados bajo loza y concreto y por metro vendidos,
argumentando que se contribuye con la urbanización:
¡Es postrer explotación de suelos prematuramente envejecidos!
Autor:
(VICTOR SANTA ROSA),